sábado, 14 de abril de 2018

Reseña de "El Imperio contra Dios" en La Biblioteca de Solharis

«…Esta genial ambientación es el gran punto a favor de la novela, pero también los combates -espaciales o cuerpo a cuerpo- merecen un comentario por lo vívidas que resultan las descripciones. El autor se siente igualmente a gusto con las ráfagas de láser como con las luchas a espada…»

Reseña de El Imperio contra Dios (1º. edición) en la web La Biblioteca de Solaris.

Podéis leer la reseña entera aquí.

Podéis comprar el libro aquí



lunes, 9 de abril de 2018

Reseña de "El Imperio contra Dios" en Pulp Quijote.

«…Su mayor acierto es la originalidad de la puesta en escena: un universo en guerra en el que no existen humanos…»


Aprovechando la nueva edición de El Imperio contra Dios, recupero esta reseña añeja que se hizo de la primera edición del libro, en el blog Pulp Quijote. Podéis leer la reseña entera aquí.

Podéis comprar la novela aquí.




viernes, 30 de marzo de 2018

Nueva edición de "El Imperio contra Dios"

El Imperio contra Dios es una novela de Space Opera que fue publicada en 2010 por la editorial Equipo Sirius. Tiempo después, cuando la editorial cerró, la obra quedó en el limbo de los libros descatalogados, y por ello me decidí hace algún tiempo a editarla yo mismo, de manera independiente, mediante la plataforma Createspace. Hice una nueva revisión del texto, superficial, sin cambios fundamentales, hice todo el trabajo de diseñar y maquetar el texto y la portada y... ¡voilà! Ya está a la venta la edición en papel y en ebook en Amazon.

La novela está llena de intrigas políticas en imperios estelares, algo de romance, especies alienígenas exóticas y mucha, mucha acción épica. Así pues, vamos a hiperacelerar la nave, sacar los cañones láser y dirigirnos a la batalla en lo más profundo del espacio. Un saludo galáctico.

Podéis comprar la novela, tanto en papel como en ebook, aquí.



miércoles, 21 de marzo de 2018

Reseña de "Burkran, el licántropo" en La Biblioteca de Pnakotos

«…El autor narra la historia de Burkran, un hombre atormentado, un ser maldito: cada noche se transforma en un licántropo, perdiendo así toda cordura, cualquier clase de conciencia y la consabida moralidad. ¡Es una bestia sedienta de sangre y libertad!…»

Aquí tenemos una nueva y magnífica crítica de Burkran, el licántropo, esta vez en la web de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción La Biblioteca de Pnakotos. Muchas gracias al crítico por sus opiniones.

Podéis leer la reseña entera aquí.



domingo, 18 de febrero de 2018

Reseña de "Argar, hijo del demonio" en Una biblioteca entre mundos

«…Lo mejor de esta novela es que su autor no pretende en ningún momento que Argar sea el ejemplo de nada ni de nadie y mucho menos un héroe. Él es un guerrero, alguien que posee sangre de demonio en el cuerpo, alguien que se rige por sus ideales y que lucha por lo que cree sin dar lecciones, haciendo incluso verdaderas atrocidades si eso es necesario…»

Estupenda reseña de Argar, hijo del demonio en el blog Una biblioteca entre mundos. Muchas gracias a la bloguera por esta reseña. Podéis leerla entera aquí.





sábado, 10 de febrero de 2018

Cuaderno de soledades, de Juan Cabezuelo

Título: Cuaderno de soledades
Autor: Juan Cabezuelo

Hoy nos las vemos con la novela Cuaderno de soledades, una obra corta pero brillante compuesta de las historias cruzadas de diferentes personas comunes de la Barcelona de los años ochenta del pasado siglo. Gracias al buen hacer de Juan Cabezuelo, lo que podría parecer mundano y mediocre se convierte en un ejercicio literario de prosa poética, amargo y oscuramente hermoso.

Se trata de una obra coral protagonizada por diferentes personajes de clase media y baja: obreros, amas de casa, panaderos, mendigos, prostitutas… A simple vista, desde el exterior, sus vidas son anodinas y carentes de interés, hundidas en una aparente rutina tan pesada como inexorable. Sin embargo, Juan Cabezuelo nos enseña que en este mundo no hay vidas pequeñas y que cada persona, incluso la más gris y predecible, encierra todo un universo entero de emociones, sentimientos, esperanzas, frustraciones y sobre todo pasado, mucho pasado. Pues todos tienen —tenemos— un pasado detrás y en ocasiones hay que cargar con él como si fuera una cruz.

Así les ocurre a los personajes de la novela, que llevan su propia cruz, su vida, a cuestas. Kurt Vonnegut dijo que un escritor debía ser sádico con sus personajes, porque solo cuando se les somete a grandes sufrimientos y tensiones se saca lo mejor de ellos. Juan Cabezuelo es buen discípulo de Vonnegut. No me gustaría ser uno de sus personajes. Sus vidas tienen una inmensa cuota de desesperación, frustraciones, sufrimientos, y esperanzas y sueños rotos. Juan Cabezuelo pertenece a esa casta de autores que, como Cormac McCarthy o Louis Ferdinand Celine, no buscan finales felices y muestran el horror de la vida en su máxima expresión: no el horror de un monstruo sobrenatural, un espectro cadavérico o un psicópata asesino armado con un cuchillo, sino el horror cotidiano que nace del encarnizamiento con que nos tratamos unos a otros en el día a día, en pequeños actos de crueldad que van sumándose hasta alzar una ola que engulle a los propios personajes. En este sentido hallamos una obra honesta, honrada y sincera que no pretende gustar a nadie, y un autor afianzado en su propio tono y temática que no tiene más amo que él mismo y su propia obra.

Otro de los puntos fuertes es la riqueza y profundidad de los personajes; aunque el narrador es universal y omnisciente, se nos muestra la vida a través del filtro de cada uno y asistimos al circo de los horrores de su propio universo emocional e intelectual. Como ya se dijo antes, a pesar de que son ciudadanos anónimos que pasarían desapercibidos en las calles de toda gran ciudad, el autor nos los hace interesantes y dignos de estudio. Incluso van evolucionando y cambiando a lo largo de la novela, no hacia el final feliz hollywoodiense típico, pero sí en su propio camino existencial. Hay mucho sexo en el libro, pero lejos de ser esto una fuente de satisfacción personal, se convierte en un desahogo momentáneo, casi como un eructo o una diarrea, es decir, una necesidad fisiológica que a larga aporta más problemas y complicaciones, y que después deja un poso de amargura y vacío. Es muy destacable la agridulce historia de amor entre una joven prostituta y un viejo mendigo, personajes ambos arrastrados por la vida y la sociedad, cuyo romance, evidentemente, no tiene futuro alguno.

Aunque no puede dejar de sentirse cierta lástima por todos estos personajes tan desgraciados, en el fondo resultan también grotescos y patéticos, pues no dejan de ser en ocasiones mezquinos, egoístas, desagradables y profundamente cobardes, al seguir encerrados en la jaula de sus propias vidas, pasivamente en su miseria, sin atreverse a romper las cadenas con que ellos mismos se atan. Pero en ellos, al final, podemos reconocer cierto reflejo de nosotros que tan bien retrata el autor, pues bien se ve que el ser humano puede tener virtudes, pero arrastra también su propia bola de presidiario de graves defectos. 


Juan Cabezuelo


Es una novela existencial en el sentido de que supone un bofetón en la cara del lector, al exponerle al lado más duro de la vida, para o bien despertarle o al menos hacerle recapacitar sobre qué estamos haciendo mal. Al enfrentar al lector con la miseria de la existencia se le obliga a responder de algún modo, a compararse a sí mismo con lo que está leyendo, y quizás pensar en ello.

En cuanto a la resolución de la trama, las vidas de estos variados personajes están entrelazadas en una letal red de araña, sus caminos se cruzan y, como en un puzle cuyas piezas van encajando, todo termina en un final literariamente brillantísimo. Nos damos cuenta entonces de que todo está bien hilvanado: aunque pudiera parecer al principio que no hay una visión de conjunto, encontramos una planificación que no deja nada al azar.

No podemos dejar de mencionar el estilo literario. Hay mucho de prosa poética en esta breve novela, que bebe del ritmo de la poesía. Los capítulos son muy cortos, de una o dos páginas, y suelen empezar y terminar con oraciones muy poéticas, con carga simbólica. Esta brevedad hace pensar que los capítulos parecen construidos —de manera consciente o inconsciente— a la manera de poemas. Parecen instantáneas o pinceladas en un cuadro, más descriptivos que narrativos, y en ocasiones —quizás la única pega que le veo a la obra— repiten las mismas escenas, de manera reiterativa; sin embargo, esto podría achacarse al tono poético más que prosaico, lo cual lo justificaría para acentuar y agravar la emoción que se quiere suscitar en el lector. Es de agradecer que no haya excesivas metáforas que podrían dar una aire ampuloso o recargado, así que la lectura es muy fluida y en ningún momento se hace literariamente cuesta arriba para el lector. Y por otro lado, aunque hemos dicho que los capítulos breves parecen más bien fotografías instantáneas o imágenes congelados en el tiempo, de manera extraña la narración no se atasca y va fluyendo por si misma, desarrollándose en una historia bien diseñada.

En definitiva, y por tratar de resumirlo todo en una gran oración final, estamos ante una breve y buena novela existencialista, cruda, amarga, poderosa, sólida, oscura, devastadora, no apta para aficionados al optimismo, y sobre todo una historia interesante con personajes interesantes, bella y poética.


Andrés Díaz Sánchez. 








domingo, 4 de febrero de 2018

Pabellón de cáncer, de Alexandr Solzhenitsyn.

Pabellón de cáncer.
Autor: Alexandr Solzhenitsyn.

Los autores rusos clásicos son imprescindibles para todo el que desee disfrutar de las altas cotas de la literatura universal. Una vez leí en cierta web de crítica literaria que tienen una capacidad especial para retratar el alma humana, sus recovecos y pasiones oscuras, sus secretos, su luz y sus tinieblas, con una profundidad que arañan muchos otros autores de otras nacionalidades, pero que en ellos es algo natural y de una facilidad pasmosa, algo que podría casi ser una marca de clase propia. Tal vez sea por el propio devenir de su tierra y su país, su propia historia nacional, tan grandiosa y majestuosa y a la vez tan trágica.

Solzhenitsyn es precisamente uno de los mejores exponentes de tal marca de clase rusa, alguien que en sus novelas —y no solo en sus novelas, sino también en esa majestuosa obra de ensayo e investigación, más literaria que la mayor parte de las obras de ficción, llamada Archipiélago Gulag— plasma la tragedia y a la vez la grandeza de la vida humana. Solzhenitsyn vivió en sus propias carnes la injusticia y la crueldad de los campos de concentración soviéticos y no sabe de lo que habla por terceras personas, sino por su propia vivencia. Así, y como él mismo cuenta en su Comentario del autor, tuvo la doble desgracia de ser deportado político y enfermo de cáncer, cosas ambas de las que por fortuna logró salir con vida. Aunque las situaciones y personajes son literarios, mucho de lo que leemos está basado en la propia realidad que vivió el autor.

La novela nos transporta al pabellón de oncología de un hospital del Uzbekistán, en pleno régimen soviético, recién entrados los años 50, poco tiempo después de la muerte de Stalin. Allí se nos presentan las vidas de diversos pacientes y también de los profesionales médicos que les tratan, sus circunstancias personales, su relaciones, su pasado, presente y posible futuro, en una trama de vidas que no tienen otro remedio que cruzarse. Es precisamente la riqueza en el retrato de los personajes, su profundidad psicológica, uno de los puntos fuertes de esta poderosa y bella novela.

Así, por ejemplo, tenemos a Rusánov —el personaje introductor de la novela, pero que después va perdiendo peso en favor de otros que al principio parecían secundarios—, un oficial de personal adherido por completo a la doctrina comunista, un comisario político cuyo cometido es buscar, señalar y acabar con todos aquellos que atenten de palabra, obra o incluso pensamiento contra el Régimen. Rusánov encarna la doctrina ideológica estalinista llevada al extremo más ciego y lerdo, pero en él vemos que el poder corrompe incluso al fanático, pues Rusánov goza de una buena posición económica y, aunque no cesa de proclamar las bondades del comunismo y de las clases proletarias, no puede tampoco dejar de sentir renuencia y hasta repugnancia hacia esas mismas clases bajas, cuando ha de mezclarse con ellas en el pabellón de oncología. Tal vez como acto de justicia poética, un monstruoso tumor deforma su cuello. Y a medida que se va acercando a la muerte, toda esa fuerza ideológica sufre un proceso de demolición, hasta convertirse en pura desidia e indiferencia, pues una de las muchas moralejas de esta novela alegórica es que la muerte pone a todos bajo el mismo rasero; que el poder, las ideologías, las ilusiones, las esperanzas, al final quedan en segundo plano ante la proximidad inexorable de la señora de la guadaña.

En parecida longitud de onda ideológica está Vadim, un joven ingeniero cuya máxima aspiración es trabajar para la sociedad, engrandeciendo así al Régimen y a su propia existencia, como un engranaje pequeño, pero necesario, de la gran maquinaria. Su impotencia viene de la imposibilidad de alargar su vida y ser más útil al Estado, porque ya tiene encima la sombra de la muerte.

Tenemos también personajes sin tono ideológico preciso, buscavidas como Yefrem Poddúyev, cuya única aspiración es beber lo más posible, viajar, disfrutar de la vida y acostarse con el máximo número de mujeres, sin importarle un bledo la política o el poder. En otro extremo tenemos al que se convertirá en protagonista de la novela, Kostoglótov, deportado por crímenes políticos, que ha pasado por diferentes campos de prisioneros y que, a pesar de haber sido espiritual y psicológicamente destrozado por tales experiencias, aún es capaz de mantener cierta dignidad, su libertad de pensamiento, e incluso puede enamorarse otra vez, de manera tierna y apasionada. Kostoglótov nos recuerda al propio Solzhenitsyn y es imposible que muchas de sus meditaciones no se le ocurrieran al propio autor, mientras fue un deportado, y además enfermo de cáncer. Otra víctima del sistema es Shulubin, un anciano aplastado precisamente por la cobardía, por no atreverse a denunciar las injusticias de las que siempre estuvo rodeado; cosa paradójica, llega a envidiar al mencionado protagonista Kostoglótov, porque la peor cárcel no es la de un campo de prisioneros, sino la propia cárcel del alma en la que cada día él está metido, y de la que no tiene valor para escapar.

Alexandr Solzhenitsyn
Quizás el lector no avezado pudiera pensar que estas víctimas del Régimen estalinista fueran simpatizantes del capitalismo occidental, pero todo lo contrario: son precisamente los más bienintencionados y sinceros socialistas y comunistas los primeros aplastados por el Régimen, que como un tumor maligno lleva a la muerte a la propia Rusia, un tumor que ha crecido monstruosamente y que destruye no a los peores, sino a sus mejores hijos. Aunque no de forma tan clara como en Un día en la vida de Iván Denísóvich o en la titánica Archipiélago Gulag, sale a la luz la brutalidad y la injusticia inherentes al Régimen Soviético, que lamina al pueblo ruso y destruye sus esperanzas y sus almas, porque su único objetivo es la perpetuación de sí mismo como ente geopolítico, a cualquier precio, incluido el de la vida y la felicidad de los hombres que lo sustentan.

No sólo de pacientes vive la novela, sino también de doctores, entre los que destacan Vera Kornílievna, dedicada únicamente a su vida profesional, que vive un amor imposible con el ya mencionado Rusánov. Y magnífico es el personaje de Liudmila Afanásievna, rígida doctora cuya máxima es tratar de manera totalmente fría e impersonal a los pacientes, hasta que —de nuevo una carambola de justicia poéticaella misma contrae cáncer y vive en sus propias carnes el miedo y la zozobra que siempre había visto desde una distancia segura. Muchos otros personajes aparecen por la novela y podemos introducirnos en su vida privada, pensamientos, historia y emociones. Aunque hay unos pocos principales protagonistas, se trata en el fondo de una obra coral donde pretende retratarse con sinceridad diferentes tipos humanos y sociales.

No es una novela luminosa con finales felices —olvídense de cualquier optimismo en la literatura rusa—, sino una obra que pretende retratar la cruda realidad y que lo hace además a través de un filtro literario prodigioso, el de ese gran escritor que fue Solzhenitsyn. Pero como en Guerra y Paz Tolstoi es nombrado en ocasiones en la novela, a través de la muerte, el miedo y el sufrimiento se nos enseña que por encima de todo está el alma humana, capaz de alcanzar la grandeza espiritual solo y precisamente cuando más cerca está de su anulación, cuando más sufre y es desgarrada, como si la plenitud y la felicidad absolutas, que no dependen de lo material, estuvieran siempre al alcance de todos y pasaran cotidianamente desapercibidas. Así pues, al mismo tiempo que pesimista, la novela también es motivadora en otro sentido… Algo también propio de esa marca de clase de los grandes escritores rusos.


Andrés Díaz Sánchez.