domingo, 7 de enero de 2018

Ausencia de conducta, de Daniel Aragonés.


Título: Ausencia de conducta.
Autor: Daniel Aragonés.

En este blog ya se habló de otro libro de Daniel Aragonés: Basura no compartida (tenéis la entrada aquí), una obra sangrienta, violenta, disparatada (aunque coherente en su propia locura), adictiva y sobre todo bien escrita. Hoy vamos a ocuparnos de otra novela del mismo autor: Ausencia de conducta, en la cual aparecen de nuevo los ambientes sórdidos y tenebrosos del submundo criminal madrileño. En Ausencia de conducta hallaremos también policías corruptos, narcotraficantes, yonquis, borrachos, mucho alcohol, mucha droga, mucha sangre y mucha mala uva. Y también encontraremos esa magnífica prosa de la que suele hacer gala Aragonés, siempre al servicio de una historia amarga y brutal que no da tregua al lector y que resulta adictiva desde la primera a la última página.

El argumento gira en torno a la búsqueda de una botella de whisky de tal antigüedad que es por sí misma un objeto de inmenso valor económico. Esta carísima antigüedad pasa de mano en mano entre mafiosos y criminales de muy distinta clase y jaez, es robada, perdida, encontrada, perdida de nuevo, reencontrada, y provocará una cadena de engaños, traiciones, muertes, violencia y todo tipo de escenas salvajes, algunas dotadas de humor negro muy del estilo Aragonés.

Aunque hay muchos puntos en común con Basura no compartida, tanto en ambientes, estética y estilo, en Ausencia de conducta hay menos violencia, visceralidad y salvajismo (lo cual no quiere decir que no haya, ojo). En Ausencia de conducta hay más reposo y menos espontaneidad y la trama está más trabajada. Ya no tenemos solo una ensalada de delincuentes enloquecidos, sino una historia bien planificada en todas sus fases. La propia narración al principio parece un poco confusa y caótica, pero pronto se va desentrañando y explicando, y lo que estaba lleno de sombras se va iluminando. Es, por tanto, no solo una novela criminal de acción, sino también de resolución de problemas y misterios.

Aragonés vuelve a contarnos la historia no mediante una sola línea temporal, sino que disloca el tiempo de los hechos narrativos y en este caso fluyen en dos líneas temporales: una perteneciente al pasado y otra al presente. Se van intercalando los capítulos de una y otra y, lógicamente, la línea temporal del pasado va desvelando al lector las claves para comprender los misterios de la del presente. Al final todo queda resuelto y las piezas encajan, de manera coherente y sólida.

Tenemos una galería de personajes caóticos, salvajes y bastante irracionales. Pero su comportamiento enloquecido es precisamente lo cotidiano en un mundo, o submundo, donde no hay contención, donde las drogas, el alcohol, el asesinato, el robo y la sangre no son algo raro, sino tan normal y evidente que precisamente esa anormalidad es la normalidad. Aquí se ve algo muy propio y tradicional de una gran corriente literaria española: el tremendismo. La exhibición de lo visceral y lo grotesco no es solo un recurso para dar énfasis a un punto u otro del texto, sino que dan la tónica y el tono del texto en su conjunto, de principio a fin.


Daniel Aragonés. 


Aunque por la obra merodean y deambulan muchos personajes, todos interesantes precisamente por lo dicho antes, por su perfecta y evidente anormalidad, dos son los personajes principales, los  extremos que sustentan la narración: el policía Daniel y el asesino Simón. Casi no llegan a encontrarse, pero pronto ganan peso y destacan sobre los demás. Así visto, podría parecer que esta polaridad encierra un enfrentamiento maniqueo entre el Bien y el Mal: la ley contra el crimen, el héroe contra el villano. Pero no es así, ya que Daniel es un policía corrupto que no puede ser tildado de bueno, y algunos de sus procedimientos éticamente dejan mucho que desear. Más bien, los dos son depredadores, cazadores en un ecosistema implacable donde la justicia y la verdad importan poco. Solo importan los resultados, principalmente económicos. Daniel y Simón son seres solitarios y por elección personal. O más que solitarios, son asociales. Desprecian a la mayor parte de la gente con la que tratan y a su vez pocos les pueden aguantar su carácter hosco y esquinado. Pero son fuertes y se hacen respetar en un mundo de tiburones que engullen de un bocado a los peces débiles. Tienen su propio código de conducta y, aunque corruptos y violentos, pueden mostrar ramalazos de bondad y piedad.  

Por otro lado, hay un personaje o metapersonaje que flota sobre todos los demás y los impregna. Ese súper personaje es el propio Sistema (utilizo las mayúsculas para darle vida y entidad propias). Se alude muchas veces en la obra a la brutalidad del Sistema (sistema económico, social, político…, todos en uno), a su capacidad de alienar y despersonalizar a las gentes, de arrebatarles todo lo bueno que pueda haber en ellos y dejar como resultado unos humanos deshumanizados, míseros y disminuidos. El Sistema es, en esta obra y también en Basura no compartida, una especie de monstruo titánico y gigantesco que actúa sobre todos los personajes y que define sus actos, pensamientos y emociones. Cabe una interpretación casi teológica: el Sistema es un dios, el Dios de la novela, que envuelve y domina a todas las personas. El Sistema es todopoderoso, no se puede escapar de él y no es un dios bondadoso, sino maligno y hambriento. Sin embargo, también cabe preguntarse aquí si el Sistema es realmente culpable de algo, ya que no se ha formado él a sí mismo de manera espontánea, sino que lo han creado los propios seres humanos que lo sufren, y además siguen recreándolo diariamente. Así pues, la propia responsabilidad del sufrimiento quizás no lo tenga ningún Sistema, sino los propios hombres que le dan forma y sustancia. Y por otro lado, ¿es posible que los hombres cambien el Sistema, o simplemente el Sistema es una consecuencia inevitable del ser de los humanos? ¿Pueden los hombres cambiarse a sí mismos para ser otra cosa distinta de lo que ahora son? Quizás, los propios seres humanos son quienes se alienan a sí mismos, de manera directa o indirecta. Y tal vez sea imposible que ocurra de otro modo. O no. Aragonés no plantea estos interrogantes de manera abierta, pero el lector sensible que sabe leer entre líneas tal vez sí los encuentre.

Por último, queda por señalar el estilo narrativo: Aragonés tiene un puño de hierro que puede noquear cuando le da la gana al lector, ya que es intenso de principio a fin, y sobre todo adictivo. Y al mismo tiempo, toda la obra tiene un aire poético, oscuro y sucio, que a veces emerge en párrafos de prosa poética.

Ausencia de conducta es, pues, una obra brillante de un autor al que no hay que perder de vista.


Andrés Díaz Sánchez.


sábado, 30 de diciembre de 2017

Comentarios de la Guerra de las Galias y de la Guerra Civil, de Julio César

Comentarios de la Guerra de las Galias. Comentarios de la Guerra Civil.
Autor: Julio César.

Hay quien afirma que Julio César fue uno de los mejores prosistas de la Antigua Roma. De su propio puño nos han quedado estas crónicas históricas, que aun hoy, más de dos mil años después, siguen resultando interesantes y entretenidas (incluso fascinantes) para cualquier aficionado a la Historia de la Antigüedad. No se puede decir mucho nuevo de ellas porque sin duda todo está prácticamente dicho, y además de mejores maneras y con mayor erudición. Pero los clásicos merecen ser recordados y valorados una y otra vez, aunque no se revele nada sorprendente sobre ellos, simplemente porque su calidad o su interés todavía lo merecen. Al fin y al cabo, por algo son clásicos.

Estas dos obras de tipo «Comentarios» narran hechos que a todos nos resultan conocidos por las películas, series televisivas, novelas históricas o incluso por haberlos leídos directamente. Dado que una de las raíces del mundo occidental —civilización que después se extendió fuera de Europa, por diferentes continentes— es la Antigua Roma, en el fondo resultan decisivos, pues marcan el punto de inflexión entre la República y el Imperio, y eso caracterizó todo lo que vino después. Se trata de uno de esos periodos en los que se decide literalmente el futuro de la humanidad, de sus pueblos y civilizaciones; y estos cambios, a través de siglos y milenios, incluso nos afectan también a nosotros.

Los propios sucesos que dan pie a los Comentarios son tan entretenidos que si Julio César no hubiera existido y alguien hubiera creado un personaje de ficción que hiciera exactamente lo mismo en una obra de Fantasía, costaría creérselo… Lo cual prueba una vez más que la Historia supera a la Ficción.

Busto de Julio César. 

Todo empieza con la audaz y astuta dominación de las Galias y su leve pero notable penetración en Inglaterra. Estas conquistas, realizadas aún en tiempos de la República, cuando Julio compartía el poder con el célebre general Pompeyo, despertaron los recelos de este y tal vez incluso su envidia. El Senado decidió cortar la libertad del conquistador del norte y César, al no acatar sus órdenes, fue declarado «enemigo del Pueblo Romano». Esta serie de acontecimientos desencadenó la guerra civil romana (llamada también «segunda guerra civil de la República Romana» para diferenciarla de la primera, muy anterior y protagonizada esencialmente por Mario y Sila). La guerra civil quedó polarizada entre los dos grandes generales: César y Pompeyo; pero al parecer aquel fue más grande que este, pues, tras una fugaz y espectacular serie de victorias, conquistó Roma y obligó a huir a Pompeyo a Grecia. César le persiguió y venció definitivamente en la batalla de Farsalia. El derrotado general escapó de nuevo, esta vez a Egipto. Allí, esperando atraerse el favor de Julio, Potino, el líder de la facción de poder contraria a la famosa Cleopatra, asesinó a Pompeyo. Sin embargo, César apoyó en la guerra de sucesión dinástica a Cleopatra, dándole, finalmente, la victoria y convirtiéndola en reina de Egipto. Pero no acabaron ahí las repercusiones de la Guerra Civil, pues Julio, para no dejar cabos sueltos y extirpar las semillas de futuros peligros, persiguió y se enfrentó sin descanso a los seguidores de Pompeyo (principalmente Catón, Farnaces y los hijos del fallecido cónsul), venciéndolos a todos en las campañas de África y España. Pacificado totalmente el territorio romano y convertido sin duda en el hombre más poderoso de su época, Julio César se proclamará en Roma dictador vitalicio, emperador, cónsul por diez años, sumo sacerdote y líder absoluto del orden tribunicio, y comenzó una profunda y quizás necesaria reestructuración política y económica del Estado romano. Pero antes de que transcurra un año será asesinado a cuchilladas por un grupo de conjurados a las órdenes de Bruto y Cassio. No obstante, estos últimos acontecimientos son posteriores a los Comentarios, que describen tan solo sus conquistas militares, no civiles.

Los Comentarios de la Guerra de las Galias se componen de ocho libros, todos escritos por Julio, salvo el octavo, obra de Aulio Hircio (uno de sus generales), que imita el estilo del general. Los Comentarios de la Guerra Civil están compuestos por tres libros, todos escritos por Julio. Junto a esta última obra se suelen presentar tres Comentarios más: C. de la Guerra de Alejandría, de África y de Hispania; pero con el tiempo se ha demostrado que su autoría real no es de Julio César, y por tanto aún permanece anónima.

El estilo de los Comentarios es sobrio y metódico; Julio César es un narrador impersonal y escribe sobre sí mismo en tercera persona. Se relatan sin freno movimientos de tropas, asedios, batallas campales y muchas otras cuestiones militares, haciendo poco hincapié en los hechos civiles. La función de los Comentarios (algo que no inventó Julio César, sino que ya practicaban otros) no solo es la transmisión de unos hechos y una información, sino también, y quizás sobre todo, una labor propagandística mediante la cual el propio narrador se convierte en el protagonista supremo, un líder victorioso, audaz o cauto según lo pidan las circunstancias, y un buen conductor de hombres. Así, y sobre todo en los C. de las Guerra de las Galias, algunos hechos no han podido ser contrastados por otros cronistas, y es lógico sospechar que Julio César inflara, exagerara o directamente mintiera de vez en cuando, siempre en su beneficio. Pero las consecuencias están ahí: una serie de meteóricas y fulgurantes conquistas que le hicieron dueño en poquísimo tiempo de una extensa región bárbara, a menudo hostil, en la cual se encontraba casi siempre en inferioridad numérica frente al enemigo. Aparte de la propia excelencia táctica que le convirtió en un gran general, también podemos apreciar su astucia maquiavélica, su capacidad para desunir a los enemigos, minar su poder político entre sus fieles y conseguir aliados donde antes solo había gente recelosa.

No obstante, si la campaña de las Galias plantea dudas, las de las guerras civiles están muy contrastadas y en ellas se demuestra la brillantez de Julio César, un supuesto advenedizo del que primero se burlaron y que después temieron, alguien que se enfrentó y derrotó a gigantes como Pompeyo. Aquel general rebelde consiguió vencerlos a todos, hasta poner Roma entera a sus pies. A pesar de la inevitable sospecha de glorificación exagerada de estos Comentarios, no se puede negar que los hechos dan la razón a quien proclame a César como uno de los mejores estrategas militares y políticos de todos los tiempos.

Andrés Díaz Sánchez.





domingo, 24 de diciembre de 2017

En el principio fue la oscuridad, de R. Scott Bakker



En el principio fue la oscuridad. Príncipe de Nada vol. I
Autor: R. Scott Bakker.
2005, Timun Mas.

«Esta es la historia de una gran y trágica guerra santa, de las poderosas facciones que trataron de poseerla y pervertirla, y de un hijo en busca de su padre. Y, como en todas las historias, somos nosotros, los supervivientes, los que escribiremos su conclusión.»

Hay obras de Fantasía que elevan el listón de la madurez del Género, por el realismo que destilan, por la profundidad y riqueza de los personajes, por la complejidad y verosimilitud del mundo que se presenta en ellas, y, rizando el rizo, también por su magnífico estilo literario. En el principio fue la oscuridad, primer volumen de la saga Príncipe de nada, es una de estas piezas brillantes que respetan el género porque lo aman, y que al mismo tiempo lo elevan a nuevas cotas de calidad.

Aunque en este texto nos vamos a referir a una sola novela, lo que se dice de ella se extiende en general al resto de la trilogía, compuesta por En el principio fue la oscuridad y sus continuaciones: El Profeta Guerrero y El pensamiento de las Mil Caras. Las tres forman el conjunto llamado Príncipe de Nada y fueron editadas en su momento por la editorial Timun Mas. A pesar de su arrolladora calidad, por unas u otras razones no tuvo en España las suficientes ventas como para justificar la edición en castellano de los siguientes volúmenes de esta extensa saga, que siguen inéditos para el público hispanohablante. Y esto, créanme, es una pequeña tragedia para quienes disfrutamos de la obra de Bakker, pero no tenemos suficiente nivel de inglés como para embarcarnos en la lectura de las ediciones originales. A la trilogía The Prince of Nothing le sigue una tetralogía llamada The Aspect-Emperor inédita en España, compuesta de las siguientes novelas: The Judging Eye, The White-Luck Warrior, The Great Ordeal y The Unholy Consult. 

R. Scott Bakker

Centrémonos en la novela En el principio fue la oscuridad (The Darkness that comes before). A primera vista, por su argumento la obra podría confundirse con muchas otras de Fantasía Épica que vemos en la actualidad… En el mundo de Eärwa se producen los indicios suficientes como para sospechar que va a renacer o volver en breve el llamado «No Dios», una entidad que es en sí misma el mal absoluto y que ya asoló este mundo hace miles de años. Entonces, el No Dios fue detenido gracias a la unión de las principales naciones civilizadas, durante una guerra en que se enfrentaron ejércitos de miles de hombres y de diferentes bestias, peleando con el acero o la magia. El No Dios fue rechazado y el mundo recuperó su relativa tranquilidad. Con el transcurso de los milenios la amenaza fue olvidada, los hombres se dedicaron a sus intrigas y luchas habituales y en el momento presente solo unos pocos hechiceros, pertenecientes a la Escuela del Mandato, se preparan para la más que probable segunda venida del No Dios. La saga trata, precisamente, de esta nueva aparición del mal absoluto.

Tenemos, pues, los lugares comunes de la Fantasía Épica creada por Tolkien y continuada con mayor o menor fortuna por una legión de seguidores: una amenaza mundial, una encarnación física del Mal que parece a priori invencible, o al menos más fuerte que el Bien, y un puñado de humanos y seres parecidos a humanos que pelean desesperadamente para vencerlo. Todo ello acompañado de batallas, hechicería, aventuras, etc. Esto ya está inventado y parece que la vieja fórmula vuelve a ponerse en marcha.

The judging eye, primera novela de la
tetralogía The Aspect-Emperor.

Sin embargo, la obra de Scott Bakker es una de esas que, aun partiendo de un mismo camino, no lo recorre sin más, sino que crea a partir de él nuevos senderos, o al menos lo ensancha. Esto se debe a la gran madurez en el tratamiento de los personajes y del mundo en el que viven. Por ejemplo, el maniqueísmo, aunque existe, no es tan evidente, y al cabo de poco el negro y el blanco se transforman en un gris que con frecuencia se tiñe de oscuro. Los buenos son egoístas y miran por sus propios intereses, son demasiado humanos y pueden comportarse con una crueldad que sorprende y hasta desagrada al lector, pero que es la propia de un mundo violento donde el débil no tiene otra opción que someterse al fuerte. En el plano general, pues, no existe una clara definición entre el Bien y el Mal, y los reyes, príncipes y hechiceros parecen guiarse solo por su propia conveniencia. Pero en el plano psicológico tampoco existe esa rigidez tan acostumbrada: los personajes sufren sus propios conflictos, cambian, se transforman, evolucionan, presentan diferentes facetas y se nos aparecen unas veces heroicos y otras miserables y patéticos. Las relaciones personales son difíciles, llenas de aristas, nada infantiles, ni siquiera juveniles, sino adultas hasta la médula. Al reflejar de manera implacable un mundo violento la corrección política es algo ajeno a la saga, no existen estúpidos clichés y sin duda mucha gente se sorprenderá por las relaciones entre hombres y mujeres en ocasiones el empleo del sexo es explícito, aunque sin llegar a la pornografía. Las intrigas por el poder son interesantes y en ellas los inocentes son simples números, a veces ni eso…, y esto reza también para los buenos.

En resumen, Bakker parece plantear no un mundo de Fantasía Épica bondadoso o al menos cercano al lector, sino una realidad descarnada con tintes sobrenaturales. Por ello la obra tiene un aire más de novela histórica que de Fantasía al uso. Es una línea del campo fantástico que recorren desde hace años autores como G. R. R. Martin, Sapkowsky o Steven Erikson. Pero que nadie se engañe: Bakker no es un nuevo Martin —al parecer el referente por antonomasia de la Fantasía adulta—; su estilo y situaciones son muy distintas y quien espere encontrarse aquí una clonación de Canción de Hielo y Fuego se llevará una chasco. Bakker y los autores citados se parecen al darle cierto enfoque a la Fantasía, pero son entre ellos muy distintos.

The white-luck warrior, segunda novela
de la tetralogía The Aspect-Emperor. 

En cuanto al mundo creado por Bakker, el propio autor cuenta que tardó quince años en diseñarlo, así que tenemos un entorno que goza de un detallismo abrumador.Al estilo de Tolkien, hay decenas de lenguas distintas, madres, hijas y nietas de sus propias familias lingüísticas. El mundo tiene su propia, larga y complicada historia de pueblos y países. La asombrosa riqueza también está en las muchas y diferentes escuelas de magos, en las costumbres y folclore de cada lugar, incluso en su literatura y filosofía. Por las páginas van pasando decenas de personajes: guerreros, magos, espías, prostitutas, esclavos, reyes, consejeros… Cada cual tiene su historia y su propio enfoque de lo ocurre, y todos estos personajes resultan convincentes.

Paradójicamente, dicha riqueza plantea el principal problema del libro: su dificultad inicial para adaptarse a tal maremagno de nombres y lugares. Muchos pueden sentirse al principio intimidados por la catarata de datos y algunos sin duda creerán no enterarse de nada hasta después de las primeras cien páginas. La única manera de solventar esto es no tener prisa y consultar cada dos por tres el glosario de términos y mapas de los apéndices. Si no estás dispuesto a tener un dedo en estos apéndices sí puedes perderte y desanimarte. No es una obra menor y ligera, sino densa y abundante. Pero si no hay miedo de vérselas con este desafío inicial, el lector se acaba sumergiendo en el mundo, se maravilla de su detallismo y autenticidad, y la obra se hace por completo adictiva.


The Great Ordeal, tercera novela
de la tetralogía The Aspect-Emperor.

Como en toda gran obra de Fantasía Épica, los paralelismos históricos son evidentes. Mientras la trama del No Dios empieza a manifestarse —con lentitud, al menos en el primer volumen—, el arco argumental principal es el de una guerra santa que un conjunto de países libra contra otro conjunto de países. Una de las dos grandes religiones de Eärwa nos recuerda a un islam más o menos fanatizado. Pero lo sorprendente y paradójico es que el carácter de la guerra santa es el de las Cruzadas, y la facción que pretende reconquistar los lugares sagrados recuerda al ejército de caballeros francos que marcharon a Palestina; esto se extiende a las relaciones problemáticas de los cruzados con el Imperio bizantino —en el libro, el Imperio nansur—. La estética y la ambientación no son las de una Europa medieval, sino más bien las del Oriente Medio babilónico o persa, lo cual es una sorpresa agradable en una saga épica y fantástica. Y también es de agradecer que no aparezcan elfos, enanos, hobbits, kenders, halflings y otras criaturas marca Tolkien. El peso recae en los humanos y en algunos seres de pesadilla que por el momento se mantienen en la sombra.

Aunque hay una gran batalla y algunas escaramuzas violentas, no es claramente una obra de acción. Sin embargo, las constantes intrigas, maquinaciones, traiciones y pactos entre unos y otros hacen del mundo de Eärwa un inmenso tablero de ajedrez con muchos y enconados adversarios.

La magia existe y es real, pero no está explicada de manera exhaustiva: aunque parece basada en sistemas verosímiles, el autor no la expone al desnudo. Sí se hace mucho hincapié en la filosofía de los países, los pueblos y los personajes. Esta dimensión filosófica se funde con un estilo literario sugerente y a veces críptico, pero fluido, que resulta evocador y consigue hechizar.

The unholy consult, cuarta novela de la
tetralogía The Aspect-Emperor

Como ya se ha comentado antes, la trilogía Príncipe de Nada (En el principio fue la oscuridad, El Profeta Guerrero y El pensamiento de las Mil Caras) forma parte de una vastísima serie llamada The second apocalypse. A la primera trilogía le sigue una tetralogía: The Aspect-Emperor, cuyo último título, The unholy consult, ha sido publicado precisamente en 2017. Por desgracia, esta tetralogía continúa inédita en lengua hispana y no parece que alguna otra editorial quiera publicarla en castellano. Es, como dije antes, una pequeña tragedia para todos los que disfrutamos leyendo En el principio fue la oscuridad y sus continuaciones, El profeta guerrero y El pensamiento de las mil caras.

Pero incluso sabiendo que la obra está inconclusa en español, yo animaría a cualquier amante de la Fantasía y la buena literatura a leer la primera trilogía, porque por sí misma merece mucho la pena. Es una joya moderna en un género ya antiguo.

Andrés Díaz Sánchez.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Basura no compartida, de Daniel Aragonés

Título: Basura no compartida
Autor: Daniel Aragonés Cuesta.

Pocos libros he leído tan viscerales, sórdidos, sangrientos, sucios, rápidos, brutales, entretenidos hasta causar adicción, grotescos y sin embargo poéticos, como este Basura no compartida, de Daniel Aragonés Cuesta. Leerlo es toda una experiencia debido a su altísima intensidad, en cada una de sus páginas, párrafos e incluso líneas, hasta el punto de que todo el libro es, desde el principio al fin, un solo y alto pico de intensidad, o una cordillera de picos de intensidad, sin apenas valles o momentos de transición. Habrá a quienes desde luego no les guste, y no es imposible que a algunos les produzca cierto asco, no tanto por el estilo (Daniel Aragonés escribe francamente bien), sino por las situaciones escatológicas y penosas que se suceden sin descanso; sí, es posible que a algunos no les guste la novela… Pero a nadie le dejará indiferente, pues se trata de una montaña rusa literaria en la cual no paramos de dar vueltas y giros, a velocidad de vértigo. Así pues, hay que abrocharse bien los cinturones antes de empezar por la primera página y tomar una buena bocanada de aire, porque posiblemente este libro nos deje sin respiración.

El protagonista absoluto es Klaus, un escritor que no es solo un hombre fracasado, sino más bien la cosificación humana del propio concepto del fracaso. En el pasado ha probado las mieles del éxito con sus libros, pero su personalidad violenta y autodestructiva, unida a la mala suerte y a la asociación con las típicas personas indebidas y aprovechadas, le han conducido a la ruina económica y moral. Klaus malvive en un agujero infecto del Madrid de la peor calaña, entre prostitutas, rateros, camellos, asesinos, narcotraficantes, vagabundos, buscavidas y otros personajes patéticos y siniestros. Klaus es un alcohólico embrutecido que bebe para olvidar su pasado. A pesar de que parece un cliché, el personaje tiene más facetas, pues también ha encontrado una especie de liberación personal una vez que está en lo más hondo del pozo de la degradación, al dejar atrás toda una vida de orden y disciplina que en el fondo no le satisfacía. Klaus siente una atracción natural hacia el caos y el salvajismo, algo que es al mismo tiempo una maldición y una liberación, una pasión a la que se entrega por completo, sintiendo a la vez placer y sufrimiento. En cierto modo recuerda a Henry Chinaski, otro escritor penoso y borracho, alter ego literario de Charles Bukowski. La sombra de Bukowski cae sobre el libro, pero Daniel Aragonés no se limita a transitar por el molde, sino que lo abandona, y por tanto la obra tiene su propia personalidad. 

Klaus sobrevive llevando a cabo trapicheos y trabajos para algunos señores de la droga y del crimen; en realidad es un pobre diablo, un peón que sirve como mensajero o como simple «mula». La acción argumental del libro comienza cuando pierde un suculento alijo de droga. Klaus «la ha cagado», como de costumbre, debido a que es un cafre de campeonato al que todo le sale mal, y también a que le han manipulado, engañado y robado. Pero esta vez no se trataba de un negocio de poca monta, sino de mucho dinero; y tanta droga perdida va a despertar la furia de ciertos narcotraficantes con mucho poder, que harán rodar cabezas, la primera de ellas la de Klaus. A partir de aquí la trama se dispara en una serie de aventuras de un thriller de serie negra: asesinos implacables, mafia, policías corruptos, prostitutas de buen corazón, camellos, navajeros, persecuciones, asesinatos individuales o en masa, disparos, palizas, violencia… Todo ello bañado en alcohol y sangre, y salpimentado de tripas, heces y vómito.

Esto podría hacer pensar en una obra fallida, descontrolada, una locura escatológica sin pies ni cabeza. Pero lo más raro y admirable es que se trata de una magnífica novela, bien escrita, sólida desde el principio al fin, sin socavones. Una de las mayores virtudes de Aragonés es su capacidad de hacer creíble el disparate. Esta historia por completo irreal resulta real para el lector, quizás porque en ningún momento el autor trata de engañarnos en cuanto al tono, el continente o el contenido. Desde el principio comprendemos que esto es un Alicia en el País de las Maravillas de tiros y sangre, e igual que las obras de Carroll son verosímiles en su locura, Basura no compartida lo es igualmente porque es honesta y honrada, y no le hace trampas nunca al lector. 

Así, tenemos unos personajes desquiciados y desequilibrados, todos, del primero al último, hasta el punto de que la normalidad es que no haya normalidad, y por ello podemos creérnoslo todo sin esfuerzo. Los personajes a veces parecen incluso caricaturas, seres grotescos que pueden despertar la repulsión o la carcajada, pero también muy humanos en sus pasiones y motivaciones. Hay espacio para el amor y la ternura, que Aragonés también sabe mostrar y dosificar. Sus caricaturas humanas actúan con soltura y resultan interesantes y atractivas. La violencia es también mayúscula, así como la escatología. Nos encontramos con un Madrid encharcado en sangre y cadáveres que resulta casi alucinógeno. Mientras leía este libro recordaba la novela Miedo y asco en las Vegas, de Hunter S. Thompson, o la película Snatch, cerdos y diamantes, de Guy Ritchie, pues también gozan de esa intensidad y locura descontroladas y al mismo tiempo creíbles en su propio contexto. Y por supuesto, los hechos que se narran son en sí mismos muy entretenidos.

Daniel Aragonés

Uno de los aciertos de Aragonés es el uso narrativo de saltos hacia atrás en el tiempo (los famosos flashbacks); así, nos mete de lleno en situaciones sorprendentes que nos descuadran, para explicarnos poco después lo que de veras ocurrió y por qué ocurrió. También es buena su capacidad para unir las distintas tramas e hilos en una sola historia gruesa y rica.

Quizás el desacierto del libro es al mismo tiempo su virtud: analizados con frialdad, los hechos y situaciones resultan demasiado increíbles, y la exageración puede resultar a veces excesiva. Pero esa es al mismo tiempo la fuerza volcánica del libro, lo que lo hace poderoso. El único y objetivo error que le encuentro es que, en unas pocas ocasiones, el narrador en primera persona (Klaus) nos cuente desde su propia óptica personal situaciones en las que él no estuvo presente, cosa que es imposible; en esos momento el autor debiera haber pasado al típico narrador omnisciente y universal.

Pero estos escollos son menores y no impedirán disfrutar de la novela, que no tiene medias tintas: o te encanta o te disgusta. En todo caso, es una novela bien escrita. Aragonés se desenvuelve muy bien en la visceralidad de los hechos narrados con rapidez, pero también puede lucirse a veces con una buena prosa poética, donde saca su lado más virtuoso…, que no pomposo, porque incluso entonces la obra sigue siendo honesta y honrada, sin tratar de aparentar nada que realmente no sea.

Por todo lo expuesto y por otras cosas que sin duda se han quedado fuera del teclado, se trata de una novela salvaje e interesante, una joyita tan brillante como sórdida.

Podéis encontrar la novela aquí.

Andrés Díaz Sánchez.




domingo, 10 de diciembre de 2017

La odisea de los 10.000, de Michael Curtis Ford

Título: La odisea de los Diez Mil
Autor: Michael Curtis Ford

En el siglo V a. C. habían finalizado ya las guerras civiles griegas que dieron la supremacía a Esparta sobre Atenas. Debido a la nueva situación en Grecia, miles de guerreros quedaron sin ocupación y buscaron nuevos lugares donde actuar. Uno de estos contingentes estaba formado por diez mil combatientes procedentes de Esparta, Atenas, Rodas y otros enclaves helenos, y su campo de acción eran las inmensas tierras del Imperio persa. Allí lucharon a favor de Ciro, hermano del gran rey Artajerjes, en una guerra por el control del Imperio. La facción de Ciro fue derrotada y sus mercenarios griegos, los famosos Diez Mil, liderados por el general ateniense Jenofonte, llevaron a cabo una de las más grandes gestas bélicas de la Historia: tuvieron que huir a través de un territorio extensísimo, a través de desiertos y cumbres heladas, perseguidos de cerca por el ejército persa y hostigados por las tribus que hallaron a su paso, todo ello para escapar de Persia y volver a su patria. Lo que parecía imposible sucedió y al final, aunque diezmados, los orgullosos griegos llegaron hasta el querido territorio heleno. Esta odisea fue inmortalizada por Jenofonte, el general que lideraba los Diez Mil, en su obra Anábasis

El libro La odisea de los Diez Mil es una novela basada en tal suceso histórico. El narrador es precisamente el esclavo personal de Jenofonte, por lo que en una primera parte de la narración se nos cuenta el crecimiento personal y la forja del carácter y convicciones, del famoso general, hasta su llegada a tierras persas; a partir de ahí, empieza la acción propia de la Anábasis. Así, por el texto desfilan variopintos personajes, como el famoso Sócrates o el espartano Clearco, primer —y temible— general de los Diez Mil. 

Michael Curtis Ford.

La recreación histórica de los pueblos —griegos u orientales— que hace el autor parece muy esmerada y trabajada. Es de agradecer el grado de aproximación al modo de pensamiento de aquellas gentes, muy influenciadas por la presencia de dioses y seres míticos a los que consideraban por completo reales, y también la descripción de los valores que les sustentaban, tan lejanos a los nuestros. Aunque los personajes llevan a cabo actos heroicos y sacrificados, son también humanos y revelan igualmente dudas, egoísmo, bajeza y hasta cobardía. La descripción de los sacrificios y sufrimientos que han de soportar los griegos en su largo y esforzado retorno al hogar añade crudeza, realismo y verosimilitud al texto. 

Ilustración de Johnny Shumate. 

El estilo es rico, pues el autor no se limita a narrar hechos de una manera documental, sino que pone su propia impronta en el manejo de la palabra y a veces se recrea en ella, logrando muchos aciertos, pero pecando en ocasiones de una densidad excesiva. El libro trata de hechos fundamentalmente épicos, pero tampoco se cargan las tintas en este sentido y solo aparece una gran batalla, la de Cunaxa, muy bien descrita, por cierto. En este sentido, podrían haberse aprovechado muchos otros momentos con carga épica, como las continuas luchas que han de sostener los griegos contra los persas y las tribus del Imperio aqueménida, que sin embargo se describen de modo somero. Esta es, quizás, la única pega del texto.

En resumen, se trata de una novela bien escrita, recomendable para los que gustan de las novelas ambientadas en la Antigüedad.


Andrés Díaz Sánchez.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Las siete huellas de Satán, de Abraham Merritt

Las siete huellas de Satán (Seven footprints to Satan)
Autor: Abraham Merritt
Primera edición original (por entregas): revista Argosy All-Story (1927)

El pulp es diversión. Es una forma de literatura creada para entretener y divertir en una época en la que la televisión no existía, tampoco en todos los hogares había una radio que ofreciera seriales radiados de aventuras, amor y detectives, y no estaba al alcance de cualquiera pagar la entrada de un cine, máxime cuando la industria cinematográfica estaba en pañales. El pulp era, pues, uno de los principales y más baratos vehículos para divertir y entretener a un público adolescente que, como en todas las épocas, demandaba excitación y diversión a raudales. Las revistas pulp se imprimían en papel de pulpa (de ahí el nombre), un tipo de papel barato y fácil de producir, de peor calidad que el utilizado en el mercado del libro. Podríamos decir que estas revistas estaban pensadas y diseñadas para usar y tirar y que su contenido, independientemente de su posible calidad literaria, no tenía la más mínima pretensión de pasar a la posteridad y ni mucho menos crear una escuela literaria o marcar una época; su única finalidad consistía en proporcionar un rato de diversión a esa horda de chavales (y no tan chavales) que pedían su ración de tiros, puñetazos, persecuciones, naves espaciales, robots asesinos, criminales, sangre, guerreros, magia negra, brujos despiadados y, sobre todo, mujeres hermosas que caían en brazos del heroico protagonista de turno. 

Precisamente por el público masculino y adolescente al que fundamentalmente iba dirigido (también había pulps románticos para chicas, pero preferimos dejarlo aparte de esta reseña por sus diferentes características), los pulps no podían ser cándidos, ingenuos, pacatos y excesivamente moralistas. Esto podríamos dejarlo para los libros que los padres compraban a sus hijos o que los profesores recomendaban a sus alumnos. Ningún chaval se dejaría sus pocos centavos en algo convencional y aburrido, sino en un producto excitante, así que en el pulp abundaban las historias truculentas y sangrientas. Además, las portadas solían mostrar a una joven atada, atrapada, sujeta por un monstruo, un robot o un chino malvado de largos bigotes, y a ser posible dicha moza tenía que llevar poca ropa, o la que llevaba debía ser desgarrada y arrancada por su perverso captor. Ahora el material del pulp puede parecernos anodino y poco transgresor, pero en sus tiempos una portada pulp era un material casi pornográfico que hacía brillar los ojos de esos adolescentes. Una de las claves del éxito de la Saga de Marte de Edgar Rice Burroughs, por ejemplo, radicaba en que los personajes iban vestidos sólo con correajes y arneses guerreros, incluidas las mujeres, lo cual excitaría la imaginación de sus lectores de un modo que hoy, cuando es casi imposible navegar por Internet sin topar con imágenes o páginas pornográficas, ni siquiera podemos imaginar.
Abraham Merritt

Estas características dieron lugar a una serie de historias con un alto contenido erótico y violento y sin muchas trabas morales. El pulp dio a luz o al menos popularizó a los primeros antihéroes, personajes heroicos y sin embargo canallescos, como el propio Conan o James Kirkhan, el protagonista de Las siete huellas de Satán, que en un momento dado podían luchar por salvar a un inocente y en otro robar, emborracharse o liarse con una mujer casada. Al fin y al cabo, ¿qué chaval querría ser un héroe casto y puro cuando se puede ser un crápula y al mismo tiempo pasarlo bien rompiendo los cráneos de los enemigos?

Este tipo de revistas fueron (y son) denostadas por los críticos literarios, pero, pese a su falta de pretensiones, marcaron una época y modelaron los gustos de una larga generación de lectores. La corriente pulp, que no buscaba otra cosa que sobrevivir, fue un referente y una inspiración para muchos autores serios y en sí misma casi podría considerarse un género literario. La mayoría de este material ciertamente es de usar y tirar, pero hay autores que brillaron con una calidad superior, como brilla la pepita de oro entre el barro del río. Howard, Lovecraft, incluso Chandler o Hammett, fueron autores pulp que al final obtuvieron su reconocimiento, a veces póstumo; su nombre ha trascendido el mundo pulp para brillar en el universo de la literatura. Muchos de estos autores fueron rescatados y reeditados en el formato de libro por sus admiradores y por tanto esa corriente de papel barato llegó a otros muchos lectores que jamás habían tenido en sus manos una revista de pulpa.

Satán haciendo de las suyas con una
inocente y bella joven.
Ilustración de Virgil Finlay.

Hoy en día el río del pulp no está seco, ni siquiera estancado. Aunque no es un campo mayoritario tiene su propio nicho de fervientes seguidores y pervive en un buen puñado de editoriales. Rizando el rizo, muchos nuevos autores emulan a sus escritores pulp favoritos y crean historias nuevas, manteniendo este espíritu de pura y cruda aventura, de misterio, de diversión y entretenimiento sin complejos y a raudales. Podría decirse no solo que el pulp no ha muerto, sino que fluye y se renueva a través de las diferentes generaciones.

Hoy tratamos una de esas obras clásicas del pulp más añejo, un clásico: la novela Las siete huellas de Satán (Seven footprints to Satan), de Abraham Merritt.

Merritt fue uno de los autores más famosos de pulps fantásticos. En su época tuvo mucho éxito y fue muy querido y valorado por los lectores. Posteriormente, sus obras han sido reeditadas en libros independientes. Este autor mezcla la intriga con la Fantasía y la Épica, en un cóctel explosivo que, si bien sirve a su objetivo principal de divertir, también aporta corrección y buenas maneras en los aspectos técnicos.



Las siete huellas de Satán nos cuenta una historia por completo digna de las revistas de pulpa. Fue publicada en 1927 por entregas en la revista Argosy All-Story. Los hechos de la novela son contemporáneos a la época del autor y están protagonizados por James Kirkhan, un aventurero vagabundo que luchó en la I Guerra Mundial, que ha sido espía y que roba objetos de arte y arqueológicos de países exóticos para llevarlos (no de manera altruista, sino por un precio) a diferentes museos de Norteamérica (sin duda Indiana Jones tuvo mucho que ver con los pulps que leyeron los jóvenes Spielberg y Lucas). Kirkhan se ve envuelto en la red de un personaje siniestro que vive en el submundo, un auténtico sultán de los bajos fondos, un rey del Mal que se hace llamar a sí mismo Satán y que de veras afirma que es el propio Príncipe de las Tinieblas, paseándose por el mundo en una envoltura de carne y hueso. Aunque al principio Kirkhan no quiere mezclarse en los turbios negocios que le ofrece Satán, finalmente el placer de la aventura puede más que la cautela y el protagonista se convierte en un colaborador de este genio del crimen, aunque al final, y como no podría ser menos, el Bien triunfa y Kirkhan luchará contra Satán. Este somete a sus súbditos y admiradores a un juego de azar llamado Las siete huellas de Satán; si el jugador gana obtiene la obediencia absoluta del propio Satán y será por tanto el amo del mundo, pero si pierde puede morir entre atroces sufrimientos o, peor aún, vender su alma y ser un esclavo del Señor del Mal. El propio Satán afirma que los tiempos han cambiado y ya no hay pactos firmados con sangre; hoy en día, el chantaje y el dinero son mejores maneras de conseguir almas que la promesa de la vida eterna.

Los elementos pulp están servidos. El héroe es un sinvergüenza nada mojigato, pero buen chico en el fondo; es inteligente y fuerte, un tipo duro al que le gusta el peligro y el dinero, pero con su propio código de honor. Satán, como no podía ser menos, tiene cierto origen oriental (vemos la Amenaza Amarilla que tan bien representó el Fu-Manchú de Sax Rohmer), y su inteligencia es tan grande como su maldad y su crueldad. Entre medias hay asesinos, sectas exóticas y por supuesto una chica atractiva a la que se debe salvar de las garras de este monstruo.

Aunque estas premisas puedan parecer pueriles para cierto tipo de lectores, Merritt las desarrolla de un modo original, correcto e incluso elegante. No basa el atractivo de su obra en la violencia y la sangre, sino más bien en el ingenio. Su novela es ciertamente ingeniosa y está llena de trucos imaginativos que ponen de manifiesto la genialidad para el mal del propio Satán. Cumple su función de entretener y hacer pasar un rato de diversión y esparcimiento. Como todo buen narrador, Merritt tiene el don de atrapar al lector, consiguiendo que este no pierda la atención y por tanto que quiera seguir leyendo hasta el final. Sus personajes son creíbles y verosímiles y una cosa que le hace destacar sobre autores de su ramo son las muchas referencias cultas de historia y mitología, un brillo de erudición no siempre presente en el pulp.

En definitiva, Las siete huellas de Satán es una obra de puro y duro entretenimiento, con los errores y los aciertos típicos del momento en que se escribió, pero al mismo tiempo brillante y superior a la mayoría de la literatura pulp de esa misma época. Para los amantes de la aventura y el misterio, siempre será una buena elección. 


Andrés Díaz Sánchez

domingo, 26 de noviembre de 2017

La serpiente Uróboros, de E. R. Eddison

Título: La serpiente Uróboros (The Worm Ouroboros)
Autor: Erick Rücker Eddison

Este es un libro clásico de Género Fantástico, en su vertiente épica o de aventuras, también llamado posteriormente Espada y Brujería o Fantasía Épica. Fue escrito en 1926 y a pesar de su antigüedad resiste perfectamente el paso del tiempo, de tal modo que no desentona nada con la mayoría de obras fantásticas de la actualidad, e incluso en ocasiones las supera.

En un mundo fantástico, y dentro de un entorno medieval, la narración se centra en la lucha entre dos fuertes naciones: Demonlandia y Brujolandia. También hay otros países, como Duendelandia, Trasgolandia o Goblinlandia, pero son más bien estados accesorios y satélites, aliados de una de las dos grandes potencias. Demonlandia y Brujolandia luchan una encarnizada guerra en la cual no se combate solo con las espadas, sino también con la magia, esgrimida por el temible rey de los brujos. Con este trasfondo la historia nos presenta a héroes, guerreros, consejeros y reyes, y también a sus esposas, acompañantes y amadas —las mujeres tienen mucho peso en la historia que se cuenta—. También hacen presencia seres sobrenaturales como los hipogrifos, mantícoras, hadas, faunos e incluso entidades casi divinas. Se suceden las aventuras, viajes y desafíos que deben resolver los esforzados héroes de Demonlandia, en una narración plagada de elementos épicos.

Erick Rücker Eddison.

Esto, que no parece muy distinto de lo que vemos en tantas sagas fantásticas de la actualidad, lo desarrolla Eddison con una habilidad y una maestría envidiables. Y es que no estamos ante un autor mediocre, sino excelente, que por su solera debe erigirse en maestro. Eddison maneja con la misma facilidad las tramas de intriga palaciega como los hechos de armas y las batallas. Es versátil a la hora de desarrollar personajes, y aunque los buenos buenísimos a veces resultan predecibles y un tanto insulsos, el retrato con miles de matices de los malvados y los personajes que están en el gris entre el Bien y el Mal, es también muy atractivo.

La obra se nos presenta como una especie de libro de caballerías, o bien un cuento de hadas, una crónica de hechos de estilo juglaresco y medieval. Por tanto no es una narración realista, sino más bien idealizada, en ocasiones onírica. Sin embargo, se consigue una sensación de proximidad y verosimilitud que no tendría un simple cuento de caballerías, y es que los personajes, a pesar de estar idealizados, también tienen su necesaria carga de humanidad, de picaresca, de bajezas y contradicciones, para que no parezcan de cartón piedra. Por ejemplo, los diálogos son inteligentes y hay un uso chispeante del erotismo entre las damas y los caballeros de las cortes de los reyes, mezclado además con las ambiciones políticas de cada cual. Por otro lado, a veces el autor desprende un fino sentido del humor, mientras que en otras sabe crear una impresión tenebrosa y sobrecogedora.



El estilo merece un capítulo aparte. La forma de expresión de Eddison es rica, elegante, hermosa, poética y también sólida. Hay pasajes de gran belleza, como las múltiples descripciones de parajes naturales, o simplemente de un amanecer o un crepúsculo; y otros están llenos de carga épica, como las batallas entre los guerreros. Es un prosista formidable y un virtuoso de la palabra. El lector se deja llevar de su estilo, que consigue hechizar. Aunque es muy descriptivo, también resulta fluido.

Como defectos, al libro le falta un mapa para seguir las andanzas de los protagonistas. También hay que señalar el descarado maniqueísmo en los bandos, pues unos son los buenos buenísimos —los de Demonlandia—, frente a los malvados hasta la médula de Brujolandia. No obstante, el tono trovadoresco de la narración y el sorprendente final explican esta falta de grises entre tanto blanco o negro. El uso de nombres un poco infantiles para los países: Demonlandia, Brujolandia, Duendelandia, etc., también puede tomarse como un punto flaco, pero puede explicarse por ese aire de cuento de hadas que el autor desea generar. Falta también una mayor sensación de verosimilitud en el elemento sobrenatural, el cual parece a veces producto de un deus ex machina, necesario para justificar desenlaces en la narración. En todo caso, los errores quedan en segundo lugar respecto a los aciertos.

En definitiva, es un libro de Espada y Brujería medieval, o Fantasía Épica, con sus elementos típicos, pero bien desarrollados y muy bien escrito. Un clásico, por méritos propios.

Andrés Díaz Sánchez.