sábado, 28 de octubre de 2017

Trilogía de Skaith, de Leigh Brackett


Trilogía de Skaith.
Autora: Leigh Brackett
Libros: La estrella escarlata, Los perros de Skaith y Piratas de Skaith.

La escritora Leigh Brackett (California, 1915-1978) fue una de las más importantes autoras de lo que se ha dado en llamar Espada Planetaria, una especie de simbiosis entre Ciencia Ficción y Espada y Brujería, o Space-Opera y Fantasía, echando abajo así el mito de que no pueden convivir en un mismo libro el láser y la espada, ni el hacha y las naves espaciales.

Una de estas obras de Espada Planetaria es la llamada Trilogía de Skaith, que apareció a mediados de los años 70 del siglo XX y está compuesta por los libros The ginger star, The hounds of Skaith y The reavers of Skaith. Se trata de una obra de aventuras con cierto estilo pulp y con ese aire añejo de sentido de la maravilla cuyo objetivo es llevar al lector a mundos exóticos habitados por pueblos de extrañas costumbres, plagado además de criaturas fantásticas. Se puede decir que, aunque aparezca un elemento futurista —naves espaciales o armas láser—, este componente es mínimo y de lo que hablamos es básicamente de una obra de Fantasía con un fuerte sentido épico.

La historia nos lleva al planeta Skaith, un mundo mediocre y anodino dentro del conglomerado de planetas controlado por la Unión Galáctica, cuya capital se encuentra en el mundo de Pax. La estrella alrededor de la que gira Skaith es un sol moribundo que a duras penas calienta la superficie skaithiana. Los inviernos son cada vez más largos y la zona fértil disminuye más y más. La vida parece abocada a la extinción y cada año es más duro que el precedente. Este es el contexto de los pueblos y las razas de Skaith. Son muy atrasados y apenas tienen contacto con el universo exterior,  pues las naves solo bajan al único puerto espacial del planeta, en la ciudad de Skeg, para canjear los metales del espacio exterior —metales que el moribundo Skaith apenas puede producir— por las drogas que se cultivan en las zonas fértiles del planeta. El intercambio con los otros mundos es prácticamente nulo y por tanto los skaithianos viven una existencia atrasada, al nivel de la Antigüedad terrestre, en la cual no existen aparatos electrónicos ni armas de fuego.

Este atraso y aislamiento está además intensificado por la acción de los Señores Protectores, seres divinos y míticos que nadie ha visto y que viven en la llamada Ciudadela, en el norte lejano. Sus servidores, los Heraldos, son los sacerdotes y líderes políticos que dirigen a todos los pueblos skaithianos, y constituyen el único puente entre ellos y los todopoderosos y misteriosos Señores Protectores.

Leigh Brackett

En el pasado, y debido a una primera glaciación, se produjo una migración masiva de pueblos desde los polos a las zonas tropicales, únicas fértiles del planeta. Esto hubiera dado lugar a un periodo de caos y guerras de invasión, en el cual los más débiles saldrían perjudicados, pero para evitarlo, los Heraldos de los Señores Protectores organizaron política, social y económicamente a los skaithianos, de tal modo que los pueblos más prósperos, los de las zonas ecuatoriales, alimentaran con su esfuerzo a los llamados Errantes, las masas de recién llegados. Los Heraldos lo consiguieron gracias a sus ejércitos de tropas mercenarias y al temor religioso que inspiraban los Señores Protectores. Con el tiempo, este esquema, que podría parecer justo, degeneró en un nuevo orden social mundial: las ricas ciudades-estado ecuatoriales sufrieron la tiranía de los Heraldos y fueron sangradas por impuestos abusivos, con el fin de alimentar a los Errantes, masas de vagabundos sin otra ocupación que drogarse, practicar sexo y tratar a los ciudadanos skaithianos casi como esclavos —dada la época en que fue publicada la obra, cabría pensar si Leigh Brackett no se inspiraría en los hippies norteamericanos, amantes del sexo libre y las drogas recreativas, para crear a esos Errantes alimentados y sufragados por los ciudadanos trabajadores de Skaith… Pero esto es solo una sospecha maliciosa por mi parte, sin prueba alguna—. Surgieron voces de protesta y hubo pueblos que desearon liberarse de la tiranía de los Heraldos y los Errantes, pero fueron sojuzgados de manera violenta. Otros pidieron simplemente poder irse del planeta, para huir de las hambrunas de un mundo moribundo, y de los impuestos abusivos. Los Heraldos controlaban las comunicaciones con el exterior y prohibieron a cualquier skaithiano no solo marcharse del planeta, sino incluso comunicarse con la Unión Galáctica.

A pesar de todo, los iranianos, uno de los pueblos más rebeldes, consiguen denunciar ante Simon Ashton, un funcionario de la Unión Galáctica —¿las Naciones Unidas?— lo que ocurre en su mundo. Ashton llega al planeta y comienza a investigar, pero desaparece, secuestrado por los sicarios de los Heraldos, quienes lógicamente no desean que nadie husmee en sus asuntos.

Ilustración de portada de
Jim Steranko


Es entonces cuando entra en escena Eric John Stark, el héroe de la trilogía. Se trata de un guerrero mercenario que ha peleado en diferentes guerras planetarias y que está unido por lazos de profunda camaradería a Simon Ashton. Una vez en Skaith, descubre que Ashton se encuentra encerrado en la Ciudadela de los Señores Protectores, en el  norte lejano. Deberá por tanto viajar hacia allí, enfrentándose a los pueblos salvajes y hostiles que sobreviven en los desiertos helados, a los Heraldos, sus guerreros y sus masas de Errantes, y a razas más antiguas y temibles que la humana, que también pueblan el planeta. Stark es además el protagonista de una profecía que habla acerca de un extranjero, un Hombre Oscuro que destruirá la Ciudadela de los Señores Protectores y alzará en armas a todo un planeta.

Y efectivamente, la trilogía narra no solo las aventuras particulares de Stark en la búsqueda de Simon Ashton, sino la revolución que encabeza —sin quererlo, siempre obligado por las circunstancias— contra el orden impuesto por los Señores Protectores y sus Heraldos. Esta guerra se desarrollará sobre todo en el segundo y tercer libros, y en este último además entra en la ecuación el elemento exterior, cuando las naves espaciales por fin lleguen a Skaith sin el permiso de los Heraldos, con consecuencias insospechadas.

Ilustración de portada de
Jim Steranko

Uno de los puntos fuertes de la saga es el tratamiento de los pueblos y razas de Skaith. La mayor parte de las criaturas inteligentes son humanas, pero existen razas en principio humanas, que después fueron modificadas genéticamente para dar a luz seres mejor adaptados al rudo y moribundo planeta. Así, tenemos en el lejano norte a los Hijos de Nuestra Madre Skaith, seres antropomorfos pero cubiertos de vello, que pueden vivir cómodamente en el interior de montañas heladas; los Hijos del Mar, seres anfibios que recuerdan tanto al pez como al hombre; o los Fallarins, criaturas aladas que pueden controlar los vientos a voluntad. Mención aparte merecen los Perros de Skaith, monstruos aterradores que rodean y guardan la Ciudadela de los Señores Protectores. Entre los humanos, las culturas también adquieren un carácter realista y verosímil, pues cada una tiene sus cultos religiosos y místicos y sus propias tradiciones. En las zonas centrales del planeta los pueblos viven en ciudades-estado con campos de cultivos, pero en los desiertos helados solo quedan tribus y hordas salvajes y crueles. Algunas adoran al Frío y el Hambre y otras inmolan seres humanos al Viejo Sol. De cualquier modo, su forma de pensar es atávica y atrasada y todo los basan en profecías y magia; aquí, la ciencia y la filosofía brillan por su ausencia.

El planeta en sí mismo es un protagonista más. Abundan las descripciones sobre parajes y entornos, incluso más frecuentes que las descripciones de los propios seres y pueblos que lo habitan. Es un mundo agónico y ese carácter triste y moribundo se transmite a sus habitantes. Los pueblos de Skaith son pesimistas y lúgubres. De algún modo saben que se deslizan cuesta abajo hacia la extinción y eso se refleja en su forma de pensar y comportarse. Los pocos pueblos lúcidos basan todas sus esperanzas en escapar de un mundo sin esperanzas, y de ahí su petición de ayuda al exterior, una petición ahogada por los fanáticos Heraldos, al servicio de los Señores Protectores. El moribundo Skaith nos hace recordar el Marte de la saga de John Carter de Burroughs, un Marte también seco y moribundo, con pueblos atrasados que se hacen la guerra unos a otros. Esto no es casualidad, pues la propia Brackett reconoció haber empezado a leer Fantasía y Ciencia Ficción gracias a las historias de Marte de Burroughs.

El héroe protagonista, Eric John Stark, es un viejo conocido de Leigh Brackett. La autora le dio la vida en el relato largo Queen of the martian catacombs, publicado en 1949 en el pulp Thrilling Wonder Stories; también vemos a Stark en Black amazone of Mars, publicada en Planet Stories en 1951, o en  Enchantress of Venus, aparecida en 1949 también en Planet Stories. Solo leyendo los títulos de estas obritas se entiende que Stark sigue el prototipo de héroe bárbaro burroughsiano del estilo John Carter, cuyas aventuras se desarrollan en diferentes planetas, pero con un aire de Espada y Brujería —o Espada Planetaria—, antes que de Ciencia Ficción. La saga de Skaith no es una excepción, pues las armas de fuego y las naves apenas aparecen, son elementos tangenciales, y las luchas se producen con armas blancas: espadas, hachas, lanzas, etc.

Ilustración de portada de 
Jim Steranko

Stark, como John Carter, no es el héroe intelectual de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, cuando los Asimov o Clarke abandonaron la violencia y los músculos por la lógica fría y racional. Stark es de un periodo anterior, el pulp, en el cual el elemento científico y tecnológico era una excusa y lo que importaban era la acción y la fantasía en sí mismas. Stark es originario del planeta Mercurio y en su niñez fue adoptado por una tribu de salvajes trogloditas que le aceptaron como a uno más. Sin embargo, fueron exterminados por hombres del espacio exterior que esclavizaron a Stark y lo enjaularon como a una simple bestia. Simon Ashton le liberó y con infinita paciencia convirtió a ese chiquillo rabioso y atrasado en un ciudadano de la Unión Galáctica. Pero Stark sigue siendo en el fondo un bárbaro que disfruta con la lucha y la guerra y no sirve para otra cosa, y de ahí su condición de mercenario vagabundo. Debajo de la delgada capa civilizada duerme el salvaje asesino que cazaba a las bestias con armas de piedra. Stark es un lobo solitario sin apenas amigos ni conocidos, pero la excepción es Ashton, al que considera su padre adoptivo y al que no duda en ir a salvar a Skaith cuando sabe de su desaparición. Stark es un tipo duro, astuto, hosco en sus relaciones con los demás, el protagonista involuntario de una profecía que le convierte en salvador de un planeta. Su inteligencia es más bien la astucia del superviviente, y aunque resulta terrible como luchador, también es un negociador inteligente y avezado que sabe convencer a los distintos caudillos de Skaith para que le sigan en su cruzada particular. En Skaith, por otro lado, encontrará el amor en la persona de Gerrith, la sacerdotisa iraniana que proclama las profecías sobre el Hombre Oscuro. Así, Stark es un hombre duro, pero no insensible.

Resulta interesante la diferencia en el tono de esta saga de Skaith respecto a los otros relatos de Stark. Entre los primeros y la saga de Skaith habían pasado más de veinte años y eso se nota, pues mientras aquellos son aventuras más despreocupadas y ligeras, del estilo de la novela La espada de Rhiannon, la saga de Skaith rezuma lobreguez y austeridad. En este planeta y sus habitantes no hay espacio para la cordialidad y la amistad e incluso los aliados recelan entre sí. Todo es amargura y el aire está impregnado de una desesperación serena pero tenaz. El propio Stark es el libertador de los pueblos de Skaith, pero no le aman, pues desconfían de todos los extranjeros.

Edición española de la trilogía de Skaith 
de la editorial Miraguano. 


Brackett tiene un estilo propio de la novela de aventuras, fluido y natural, pero siempre correcto y en ocasiones brillante. Aunque aparece la épica, no estamos ante un Howard y por tanto no se pueden esperar muchas luchas crudas y desgarradoras. Hay combates, pero constituyen un elemento secundario. Si bien al principio cuesta seguir la historia, esta por sí misma acaba enganchando al lector. Lo más atractivo es la idiosincrasia de los pueblos, sus diferentes culturas, sus matices y religiones. Todo esto dota a la narración de una gran profundidad y la hace sólida y creíble. La trama es de aventuras y viajes, lo cual nos permite explorar de un extremo a otro este moribundo y atractivo planeta. En ocasiones, sin embargo, esta trama da vueltas innecesarias y el ritmo se hace lento y puede costarle un esfuerzo al lector. Para contrarrestar, hay picos de pura diversión y el balance final es el de una buena obra de Fantasía que engancha por sí misma. Se echa en falta, eso sí, un mapa del planeta, para poder ir siguiendo el itinerario de Stark y sus aliados en sus viajes.

En definitiva, la Trilogía de Skaith es una saga de Espada Planetaria bien escrita y lo bastante entretenida como para satisfacer al lector que guste de las novelas de aventuras.

Andrés Díaz Sánchez.

5 comentarios:

  1. Que pintaza.... se pueden conseguir hoy en dia... se me ha disparado el hype!!!

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    1. Hola, David.

      La verdad es que esta saga a mí me gustó en su día. Ahora mismo están descatalogados, pero puedes conseguirlos de segunda mano por ejemplo en iberlibro:
      https://www.iberlibro.com/servlet/SearchResults?cm_sp=pan-_-srp-_-loc&an=&tn=Skaith+&kn=&isbn=&n=200000228
      Supongo que en Amazon también estarán.

      ¡Un abrazo!

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  2. Hombre, no tenía ni idea de la existencia de esta saga. Según cuentas es muy interesante.

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    1. Hola, José Luis.

      Ciertamente es una trilogía atractiva, no muy épica, pero en todo caso interesante por su descripción de mundos, razas y pueblos fantásticos y exóticos.

      Un abrazo.

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