sábado, 30 de diciembre de 2017

Comentarios de la Guerra de las Galias y de la Guerra Civil, de Julio César

Comentarios de la Guerra de las Galias. Comentarios de la Guerra Civil.
Autor: Julio César.

Hay quien afirma que Julio César fue uno de los mejores prosistas de la Antigua Roma. De su propio puño nos han quedado estas crónicas históricas, que aun hoy, más de dos mil años después, siguen resultando interesantes y entretenidas (incluso fascinantes) para cualquier aficionado a la Historia de la Antigüedad. No se puede decir mucho nuevo de ellas porque sin duda todo está prácticamente dicho, y además de mejores maneras y con mayor erudición. Pero los clásicos merecen ser recordados y valorados una y otra vez, aunque no se revele nada sorprendente sobre ellos, simplemente porque su calidad o su interés todavía lo merecen. Al fin y al cabo, por algo son clásicos.

Estas dos obras de tipo «Comentarios» narran hechos que a todos nos resultan conocidos por las películas, series televisivas, novelas históricas o incluso por haberlos leídos directamente. Dado que una de las raíces del mundo occidental —civilización que después se extendió fuera de Europa, por diferentes continentes— es la Antigua Roma, en el fondo resultan decisivos, pues marcan el punto de inflexión entre la República y el Imperio, y eso caracterizó todo lo que vino después. Se trata de uno de esos periodos en los que se decide literalmente el futuro de la humanidad, de sus pueblos y civilizaciones; y estos cambios, a través de siglos y milenios, incluso nos afectan también a nosotros.

Los propios sucesos que dan pie a los Comentarios son tan entretenidos que si Julio César no hubiera existido y alguien hubiera creado un personaje de ficción que hiciera exactamente lo mismo en una obra de Fantasía, costaría creérselo… Lo cual prueba una vez más que la Historia supera a la Ficción.

Busto de Julio César. 

Todo empieza con la audaz y astuta dominación de las Galias y su leve pero notable penetración en Inglaterra. Estas conquistas, realizadas aún en tiempos de la República, cuando Julio compartía el poder con el célebre general Pompeyo, despertaron los recelos de este y tal vez incluso su envidia. El Senado decidió cortar la libertad del conquistador del norte y César, al no acatar sus órdenes, fue declarado «enemigo del Pueblo Romano». Esta serie de acontecimientos desencadenó la guerra civil romana (llamada también «segunda guerra civil de la República Romana» para diferenciarla de la primera, muy anterior y protagonizada esencialmente por Mario y Sila). La guerra civil quedó polarizada entre los dos grandes generales: César y Pompeyo; pero al parecer aquel fue más grande que este, pues, tras una fugaz y espectacular serie de victorias, conquistó Roma y obligó a huir a Pompeyo a Grecia. César le persiguió y venció definitivamente en la batalla de Farsalia. El derrotado general escapó de nuevo, esta vez a Egipto. Allí, esperando atraerse el favor de Julio, Potino, el líder de la facción de poder contraria a la famosa Cleopatra, asesinó a Pompeyo. Sin embargo, César apoyó en la guerra de sucesión dinástica a Cleopatra, dándole, finalmente, la victoria y convirtiéndola en reina de Egipto. Pero no acabaron ahí las repercusiones de la Guerra Civil, pues Julio, para no dejar cabos sueltos y extirpar las semillas de futuros peligros, persiguió y se enfrentó sin descanso a los seguidores de Pompeyo (principalmente Catón, Farnaces y los hijos del fallecido cónsul), venciéndolos a todos en las campañas de África y España. Pacificado totalmente el territorio romano y convertido sin duda en el hombre más poderoso de su época, Julio César se proclamará en Roma dictador vitalicio, emperador, cónsul por diez años, sumo sacerdote y líder absoluto del orden tribunicio, y comenzó una profunda y quizás necesaria reestructuración política y económica del Estado romano. Pero antes de que transcurra un año será asesinado a cuchilladas por un grupo de conjurados a las órdenes de Bruto y Cassio. No obstante, estos últimos acontecimientos son posteriores a los Comentarios, que describen tan solo sus conquistas militares, no civiles.

Los Comentarios de la Guerra de las Galias se componen de ocho libros, todos escritos por Julio, salvo el octavo, obra de Aulio Hircio (uno de sus generales), que imita el estilo del general. Los Comentarios de la Guerra Civil están compuestos por tres libros, todos escritos por Julio. Junto a esta última obra se suelen presentar tres Comentarios más: C. de la Guerra de Alejandría, de África y de Hispania; pero con el tiempo se ha demostrado que su autoría real no es de Julio César, y por tanto aún permanece anónima.

El estilo de los Comentarios es sobrio y metódico; Julio César es un narrador impersonal y escribe sobre sí mismo en tercera persona. Se relatan sin freno movimientos de tropas, asedios, batallas campales y muchas otras cuestiones militares, haciendo poco hincapié en los hechos civiles. La función de los Comentarios (algo que no inventó Julio César, sino que ya practicaban otros) no solo es la transmisión de unos hechos y una información, sino también, y quizás sobre todo, una labor propagandística mediante la cual el propio narrador se convierte en el protagonista supremo, un líder victorioso, audaz o cauto según lo pidan las circunstancias, y un buen conductor de hombres. Así, y sobre todo en los C. de las Guerra de las Galias, algunos hechos no han podido ser contrastados por otros cronistas, y es lógico sospechar que Julio César inflara, exagerara o directamente mintiera de vez en cuando, siempre en su beneficio. Pero las consecuencias están ahí: una serie de meteóricas y fulgurantes conquistas que le hicieron dueño en poquísimo tiempo de una extensa región bárbara, a menudo hostil, en la cual se encontraba casi siempre en inferioridad numérica frente al enemigo. Aparte de la propia excelencia táctica que le convirtió en un gran general, también podemos apreciar su astucia maquiavélica, su capacidad para desunir a los enemigos, minar su poder político entre sus fieles y conseguir aliados donde antes solo había gente recelosa.

No obstante, si la campaña de las Galias plantea dudas, las de las guerras civiles están muy contrastadas y en ellas se demuestra la brillantez de Julio César, un supuesto advenedizo del que primero se burlaron y que después temieron, alguien que se enfrentó y derrotó a gigantes como Pompeyo. Aquel general rebelde consiguió vencerlos a todos, hasta poner Roma entera a sus pies. A pesar de la inevitable sospecha de glorificación exagerada de estos Comentarios, no se puede negar que los hechos dan la razón a quien proclame a César como uno de los mejores estrategas militares y políticos de todos los tiempos.

Andrés Díaz Sánchez.





4 comentarios:

  1. Un magnifico guerero pero sin duda mejor estratega y visionario... a la altura de Alexandros... Anibal!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, David.

      Desde luego, Julio César fue, aparte de un gran estratega, un guerrero de probado valor en la batalla, según distintas crónicas. Si había que pelear, peleaba. También era un tipo ambicioso y sin escrúpulos, pero así eran todos en esa época. Un personaje tremendo.

      Gracias por tu comentario y que tengas un feliz 2018.

      Eliminar
  2. Estoy de acuerdo con casi todo lo que se apunta en la reseña, salvo en dos cuestiones.

    En el penúltimo párrafo se dice que es un libro que, ante todo, se ocupa de los asuntos bélicos. Es cierto, pero también se trata de una fuente de información etnológica de primer orden; dado que es la principal documento escrito sobre los usos y costumbres de las tribus galas; así como una obra de primera magnitud para conocer algo de los britanos y germanos, quizás sólo superada por Tácito (en su "Vida de Agrícola" y "Germania", respectivamente).

    Previamente, hay textos de viajeros y eruditos griegos sobre esas tierras, pero no superan en información a lo que escribiera Julio César. Los helenos estaban relativamente poco interesados en Europa Occidental; Egipto, las civilizaciones asiáticas, los escitas o los pueblos de la cuenca danubiana les atraían más (algo lógico, por la vecindad).

    Por otra parte, se dice el cuarto párrafo: "El derrotado general escapó de nuevo, esta vez a Egipto, una provincia más de Roma." Por aquel entonces, el Egipto Tolemaida era un estado clientelar de Roma, pero no una provincia romana como pudieran ser la Hispania Citerior o la Galia Narbonense. El país del Nilo aún contaba con su propia dinastía, la cual gozaba de autonomía en asuntos internos, y no le controlaba un gobernador designado por Roma. Se convirtió en provincia 14 años después de la muerte de Julio César.

    Y ya para acabar de dar la lata, aprovecho para mencionar una obra fundamental de la historiografía latina: "Historias" de Amiano Marcelino, sobre el decadente Imperio romano del siglo IV p.C., que la editorial Akal ha publicado en España.

    Un saludo y feliz Año Nuevo al dueño del blog y a sus lectores.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Crisagón

      Muchas gracias por tus críticas y puntualizaciones, que recojo de buen grado. Este tipo de cosas ayudan a mejorar y las agradezco. De acuerdo contigo en el carácter informativo sobre los pueblos bárbaros de la obra, no solo sobre los aspectos bélicos. Ambos asuntos se complementan. Muy acertada tu puntualización sobre el carácter político de Egipto, dentro del mundo romano. Voy a cambiar el párrafo para que ahora quede bien.

      Un abrazo y feliz año nuevo.

      Eliminar