sábado, 2 de diciembre de 2017

Las siete huellas de Satán, de Abraham Merritt

Las siete huellas de Satán (Seven footprints to Satan)
Autor: Abraham Merritt
Primera edición original (por entregas): revista Argosy All-Story (1927)

El pulp es diversión. Es una forma de literatura creada para entretener y divertir en una época en la que la televisión no existía, tampoco en todos los hogares había una radio que ofreciera seriales radiados de aventuras, amor y detectives, y no estaba al alcance de cualquiera pagar la entrada de un cine, máxime cuando la industria cinematográfica estaba en pañales. El pulp era, pues, uno de los principales y más baratos vehículos para divertir y entretener a un público adolescente que, como en todas las épocas, demandaba excitación y diversión a raudales. Las revistas pulp se imprimían en papel de pulpa (de ahí el nombre), un tipo de papel barato y fácil de producir, de peor calidad que el utilizado en el mercado del libro. Podríamos decir que estas revistas estaban pensadas y diseñadas para usar y tirar y que su contenido, independientemente de su posible calidad literaria, no tenía la más mínima pretensión de pasar a la posteridad y ni mucho menos crear una escuela literaria o marcar una época; su única finalidad consistía en proporcionar un rato de diversión a esa horda de chavales (y no tan chavales) que pedían su ración de tiros, puñetazos, persecuciones, naves espaciales, robots asesinos, criminales, sangre, guerreros, magia negra, brujos despiadados y, sobre todo, mujeres hermosas que caían en brazos del heroico protagonista de turno. 

Precisamente por el público masculino y adolescente al que fundamentalmente iba dirigido (también había pulps románticos para chicas, pero preferimos dejarlo aparte de esta reseña por sus diferentes características), los pulps no podían ser cándidos, ingenuos, pacatos y excesivamente moralistas. Esto podríamos dejarlo para los libros que los padres compraban a sus hijos o que los profesores recomendaban a sus alumnos. Ningún chaval se dejaría sus pocos centavos en algo convencional y aburrido, sino en un producto excitante, así que en el pulp abundaban las historias truculentas y sangrientas. Además, las portadas solían mostrar a una joven atada, atrapada, sujeta por un monstruo, un robot o un chino malvado de largos bigotes, y a ser posible dicha moza tenía que llevar poca ropa, o la que llevaba debía ser desgarrada y arrancada por su perverso captor. Ahora el material del pulp puede parecernos anodino y poco transgresor, pero en sus tiempos una portada pulp era un material casi pornográfico que hacía brillar los ojos de esos adolescentes. Una de las claves del éxito de la Saga de Marte de Edgar Rice Burroughs, por ejemplo, radicaba en que los personajes iban vestidos sólo con correajes y arneses guerreros, incluidas las mujeres, lo cual excitaría la imaginación de sus lectores de un modo que hoy, cuando es casi imposible navegar por Internet sin topar con imágenes o páginas pornográficas, ni siquiera podemos imaginar.
Abraham Merritt

Estas características dieron lugar a una serie de historias con un alto contenido erótico y violento y sin muchas trabas morales. El pulp dio a luz o al menos popularizó a los primeros antihéroes, personajes heroicos y sin embargo canallescos, como el propio Conan o James Kirkhan, el protagonista de Las siete huellas de Satán, que en un momento dado podían luchar por salvar a un inocente y en otro robar, emborracharse o liarse con una mujer casada. Al fin y al cabo, ¿qué chaval querría ser un héroe casto y puro cuando se puede ser un crápula y al mismo tiempo pasarlo bien rompiendo los cráneos de los enemigos?

Este tipo de revistas fueron (y son) denostadas por los críticos literarios, pero, pese a su falta de pretensiones, marcaron una época y modelaron los gustos de una larga generación de lectores. La corriente pulp, que no buscaba otra cosa que sobrevivir, fue un referente y una inspiración para muchos autores serios y en sí misma casi podría considerarse un género literario. La mayoría de este material ciertamente es de usar y tirar, pero hay autores que brillaron con una calidad superior, como brilla la pepita de oro entre el barro del río. Howard, Lovecraft, incluso Chandler o Hammett, fueron autores pulp que al final obtuvieron su reconocimiento, a veces póstumo; su nombre ha trascendido el mundo pulp para brillar en el universo de la literatura. Muchos de estos autores fueron rescatados y reeditados en el formato de libro por sus admiradores y por tanto esa corriente de papel barato llegó a otros muchos lectores que jamás habían tenido en sus manos una revista de pulpa.

Satán haciendo de las suyas con una
inocente y bella joven.
Ilustración de Virgil Finlay.

Hoy en día el río del pulp no está seco, ni siquiera estancado. Aunque no es un campo mayoritario tiene su propio nicho de fervientes seguidores y pervive en un buen puñado de editoriales. Rizando el rizo, muchos nuevos autores emulan a sus escritores pulp favoritos y crean historias nuevas, manteniendo este espíritu de pura y cruda aventura, de misterio, de diversión y entretenimiento sin complejos y a raudales. Podría decirse no solo que el pulp no ha muerto, sino que fluye y se renueva a través de las diferentes generaciones.

Hoy tratamos una de esas obras clásicas del pulp más añejo, un clásico: la novela Las siete huellas de Satán (Seven footprints to Satan), de Abraham Merritt.

Merritt fue uno de los autores más famosos de pulps fantásticos. En su época tuvo mucho éxito y fue muy querido y valorado por los lectores. Posteriormente, sus obras han sido reeditadas en libros independientes. Este autor mezcla la intriga con la Fantasía y la Épica, en un cóctel explosivo que, si bien sirve a su objetivo principal de divertir, también aporta corrección y buenas maneras en los aspectos técnicos.



Las siete huellas de Satán nos cuenta una historia por completo digna de las revistas de pulpa. Fue publicada en 1927 por entregas en la revista Argosy All-Story. Los hechos de la novela son contemporáneos a la época del autor y están protagonizados por James Kirkhan, un aventurero vagabundo que luchó en la I Guerra Mundial, que ha sido espía y que roba objetos de arte y arqueológicos de países exóticos para llevarlos (no de manera altruista, sino por un precio) a diferentes museos de Norteamérica (sin duda Indiana Jones tuvo mucho que ver con los pulps que leyeron los jóvenes Spielberg y Lucas). Kirkhan se ve envuelto en la red de un personaje siniestro que vive en el submundo, un auténtico sultán de los bajos fondos, un rey del Mal que se hace llamar a sí mismo Satán y que de veras afirma que es el propio Príncipe de las Tinieblas, paseándose por el mundo en una envoltura de carne y hueso. Aunque al principio Kirkhan no quiere mezclarse en los turbios negocios que le ofrece Satán, finalmente el placer de la aventura puede más que la cautela y el protagonista se convierte en un colaborador de este genio del crimen, aunque al final, y como no podría ser menos, el Bien triunfa y Kirkhan luchará contra Satán. Este somete a sus súbditos y admiradores a un juego de azar llamado Las siete huellas de Satán; si el jugador gana obtiene la obediencia absoluta del propio Satán y será por tanto el amo del mundo, pero si pierde puede morir entre atroces sufrimientos o, peor aún, vender su alma y ser un esclavo del Señor del Mal. El propio Satán afirma que los tiempos han cambiado y ya no hay pactos firmados con sangre; hoy en día, el chantaje y el dinero son mejores maneras de conseguir almas que la promesa de la vida eterna.

Los elementos pulp están servidos. El héroe es un sinvergüenza nada mojigato, pero buen chico en el fondo; es inteligente y fuerte, un tipo duro al que le gusta el peligro y el dinero, pero con su propio código de honor. Satán, como no podía ser menos, tiene cierto origen oriental (vemos la Amenaza Amarilla que tan bien representó el Fu-Manchú de Sax Rohmer), y su inteligencia es tan grande como su maldad y su crueldad. Entre medias hay asesinos, sectas exóticas y por supuesto una chica atractiva a la que se debe salvar de las garras de este monstruo.

Aunque estas premisas puedan parecer pueriles para cierto tipo de lectores, Merritt las desarrolla de un modo original, correcto e incluso elegante. No basa el atractivo de su obra en la violencia y la sangre, sino más bien en el ingenio. Su novela es ciertamente ingeniosa y está llena de trucos imaginativos que ponen de manifiesto la genialidad para el mal del propio Satán. Cumple su función de entretener y hacer pasar un rato de diversión y esparcimiento. Como todo buen narrador, Merritt tiene el don de atrapar al lector, consiguiendo que este no pierda la atención y por tanto que quiera seguir leyendo hasta el final. Sus personajes son creíbles y verosímiles y una cosa que le hace destacar sobre autores de su ramo son las muchas referencias cultas de historia y mitología, un brillo de erudición no siempre presente en el pulp.

En definitiva, Las siete huellas de Satán es una obra de puro y duro entretenimiento, con los errores y los aciertos típicos del momento en que se escribió, pero al mismo tiempo brillante y superior a la mayoría de la literatura pulp de esa misma época. Para los amantes de la aventura y el misterio, siempre será una buena elección. 


Andrés Díaz Sánchez

2 comentarios:

  1. Pedazo post!!! Me ha encantado.. la introduccion de lo que es el Pulp genial!!!.... tambien serian dignos de mencionar los Penny Dreadful muy de moda en inglaterra

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    1. Muchas gracias, David, por tu comentario. Aquí he puesto lo que yo creo es la esencia del pulp clásico de los primeros tiempos de este género, o subgénero. Los Penny Dreadful también darían mucho que hablar, fueron el antecedente, quizás, u otra versión más antigua del pulp clásico, es decir, literatura de evasión sin más pretensiones que la de entretener (lo cual, por cierto, es un objetivo tan noble como cualquier otro, o quizá más).

      Un abrazo.

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