domingo, 28 de enero de 2018

Los Reyes Malditos VII: De cómo un rey perdió Francia, de Maurice Druon.

Los Reyes Malditos VII: De cómo un rey perdió Francia
Autor: Maurice Druon

En este blog ya se habló de El rey de hierro (ver la reseña aquí), el primer volumen de la serie de siete episodios Los Reyes Malditos, escrita por Maurice Druon. Justo es por tanto que si se habló del comienzo se hable también del ocaso, del broche final de esta joya de la novela histórica medieval.

Como ya se dijo en la reseña de El rey de hierro, la serie Los Reyes Malditos abarca una determinada época de la Edad Media francesa, en concreto la correspondiente a la dinastía de los Capetos. La serie da comienzo con la encarcelación y ejecución de Jacques de Molay (1314) durante el reinado de Felipe IV el Hermoso y termina en el séptimo volumen con la batalla de Poitiers (1356), durante el reinado de Juan II. El nombre de la serie se debe a la maldición que, según las crónicas, Jacques de Molay lanzó contra el rey francés y sus descendientes. Sean ciertas o no estas últimas palabras del maestre del Temple, parece que la legendaria maldición dio resultado: en el breve transcurso de cuarenta y dos años Francia pasó de ser uno de los estados más poderosos de Occidente, con una economía saneada, una fuerza bélica envidiable y una estabilidad territorial e institucional más que evidentes, a un país arruinado, asolado por la peste, destrozado por las intrigas internas palaciegas y, para colmo de males, invadido y medio conquistado por el vecino inglés durante la Guerra de los Cien Años. Este periodo maldito para los reyes franceses es el que narra Maurice Druon en su serie de siete episodios.

En ellos contemplaremos cómo los reyes se suceden con rapidez asombrosa, fallecidos de muerte inesperada o bien asesinados —incluso cuando se trata de recién nacidos— por sus enemigos. Una sangría de monarcas que provoca la lógica inestabilidad institucional, la ruina económica y por fin la invasión del inglés. Por otro lado, pocos de entre estos reyes son competentes y la mayoría como Juan II, protagonista del último volumen son retratados por Druon de manera inmisericorde, como ejemplos de toda incompetencia y necedad. En la novela se dice textualmente que su estupidez inspiraría la lástima que siempre inspiran los idiotas, si no fuera por el hecho de que en sus manos tenía más de veinte millones de vidas.

Maurice Druon

De cómo un rey perdió Francia no puede tener un título más clarificador, pues pone el colofón a esa maldición literaria arrojada por Jacques de Molay, que culmina en Juan II, derrotado vergonzosamente en la batalla de Poitiers por su rival Eduardo III de Inglaterra, el Príncipe Negro. Para mayor bochorno, en ese combate los franceses parecían tener todas las de ganar, pero fueron destrozados gracias a la incompetencia de sus mandos y la mentalidad rígida de la caballería, incapaz de adaptarse a las nuevas épocas de la guerra, como se había demostrado ya en la batalla de Crecy.

El libro cambia respecto a los anteriores al estar escrito en primera persona por el cardenal de Périgord, legado del Papa, que busca mediar entre ambos bandos y conseguir una paz entre Inglaterra y Francia por todos los medios. Un esfuerzo amargo y baldío.

Por lo demás, el volumen es semejante a los otros en cuanto a la excelencia en la documentación y el magnífico estilo literario. Druon oscila de manera brillante entre el realismo y una fina ironía que raya en un sentido del humor socarrón, contrapunto a los hechos trágicos que se narran. Y de nuevo marca un ritmo que engancha al lector, le guste o no la novela histórica. Druon es experto en la psicología de los personajes: a todos los trata de manera verosímil y son cercanos y creíbles para el lector, desde los reyes a los mendigos, pasando por nobles, mariscales, eclesiásticos de todos los niveles, soldados, banqueros y prestamistas, reinas, princesas, damas, cortesanas y prostitutas… Un rico espectro de tipos humanos con sus diferentes mundos emocionales e intelectuales, que el autor disecciona con su fino escalpelo.

Aunque no es una saga muy épica, en el sentido de que no aparecen apenas escenas de lucha y batalla, no se hace aburrida, pues la cantidad de intrigas palaciegas, cortesanas y religiosas es casi inagotable.

Todo esto hace muy recomendable la lectura de esta serie, una de las más notables de la novela histórica medieval. Guste o no el género, merece la pena leerla.


Andrés Díaz Sánchez.




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