sábado, 10 de febrero de 2018

Cuaderno de soledades, de Juan Cabezuelo

Título: Cuaderno de soledades
Autor: Juan Cabezuelo

Hoy nos las vemos con la novela Cuaderno de soledades, una obra corta pero brillante compuesta de las historias cruzadas de diferentes personas comunes de la Barcelona de los años ochenta del pasado siglo. Gracias al buen hacer de Juan Cabezuelo, lo que podría parecer mundano y mediocre se convierte en un ejercicio literario de prosa poética, amargo y oscuramente hermoso.

Se trata de una obra coral protagonizada por diferentes personajes de clase media y baja: obreros, amas de casa, panaderos, mendigos, prostitutas… A simple vista, desde el exterior, sus vidas son anodinas y carentes de interés, hundidas en una aparente rutina tan pesada como inexorable. Sin embargo, Juan Cabezuelo nos enseña que en este mundo no hay vidas pequeñas y que cada persona, incluso la más gris y predecible, encierra todo un universo entero de emociones, sentimientos, esperanzas, frustraciones y sobre todo pasado, mucho pasado. Pues todos tienen —tenemos— un pasado detrás y en ocasiones hay que cargar con él como si fuera una cruz.

Así les ocurre a los personajes de la novela, que llevan su propia cruz, su vida, a cuestas. Kurt Vonnegut dijo que un escritor debía ser sádico con sus personajes, porque solo cuando se les somete a grandes sufrimientos y tensiones se saca lo mejor de ellos. Juan Cabezuelo es buen discípulo de Vonnegut. No me gustaría ser uno de sus personajes. Sus vidas tienen una inmensa cuota de desesperación, frustraciones, sufrimientos, y esperanzas y sueños rotos. Juan Cabezuelo pertenece a esa casta de autores que, como Cormac McCarthy o Louis Ferdinand Celine, no buscan finales felices y muestran el horror de la vida en su máxima expresión: no el horror de un monstruo sobrenatural, un espectro cadavérico o un psicópata asesino armado con un cuchillo, sino el horror cotidiano que nace del encarnizamiento con que nos tratamos unos a otros en el día a día, en pequeños actos de crueldad que van sumándose hasta alzar una ola que engulle a los propios personajes. En este sentido hallamos una obra honesta, honrada y sincera que no pretende gustar a nadie, y un autor afianzado en su propio tono y temática que no tiene más amo que él mismo y su propia obra.

Otro de los puntos fuertes es la riqueza y profundidad de los personajes; aunque el narrador es universal y omnisciente, se nos muestra la vida a través del filtro de cada uno y asistimos al circo de los horrores de su propio universo emocional e intelectual. Como ya se dijo antes, a pesar de que son ciudadanos anónimos que pasarían desapercibidos en las calles de toda gran ciudad, el autor nos los hace interesantes y dignos de estudio. Incluso van evolucionando y cambiando a lo largo de la novela, no hacia el final feliz hollywoodiense típico, pero sí en su propio camino existencial. Hay mucho sexo en el libro, pero lejos de ser esto una fuente de satisfacción personal, se convierte en un desahogo momentáneo, casi como un eructo o una diarrea, es decir, una necesidad fisiológica que a larga aporta más problemas y complicaciones, y que después deja un poso de amargura y vacío. Es muy destacable la agridulce historia de amor entre una joven prostituta y un viejo mendigo, personajes ambos arrastrados por la vida y la sociedad, cuyo romance, evidentemente, no tiene futuro alguno.

Aunque no puede dejar de sentirse cierta lástima por todos estos personajes tan desgraciados, en el fondo resultan también grotescos y patéticos, pues no dejan de ser en ocasiones mezquinos, egoístas, desagradables y profundamente cobardes, al seguir encerrados en la jaula de sus propias vidas, pasivamente en su miseria, sin atreverse a romper las cadenas con que ellos mismos se atan. Pero en ellos, al final, podemos reconocer cierto reflejo de nosotros que tan bien retrata el autor, pues bien se ve que el ser humano puede tener virtudes, pero arrastra también su propia bola de presidiario de graves defectos. 


Juan Cabezuelo


Es una novela existencial en el sentido de que supone un bofetón en la cara del lector, al exponerle al lado más duro de la vida, para o bien despertarle o al menos hacerle recapacitar sobre qué estamos haciendo mal. Al enfrentar al lector con la miseria de la existencia se le obliga a responder de algún modo, a compararse a sí mismo con lo que está leyendo, y quizás pensar en ello.

En cuanto a la resolución de la trama, las vidas de estos variados personajes están entrelazadas en una letal red de araña, sus caminos se cruzan y, como en un puzle cuyas piezas van encajando, todo termina en un final literariamente brillantísimo. Nos damos cuenta entonces de que todo está bien hilvanado: aunque pudiera parecer al principio que no hay una visión de conjunto, encontramos una planificación que no deja nada al azar.

No podemos dejar de mencionar el estilo literario. Hay mucho de prosa poética en esta breve novela, que bebe del ritmo de la poesía. Los capítulos son muy cortos, de una o dos páginas, y suelen empezar y terminar con oraciones muy poéticas, con carga simbólica. Esta brevedad hace pensar que los capítulos parecen construidos —de manera consciente o inconsciente— a la manera de poemas. Parecen instantáneas o pinceladas en un cuadro, más descriptivos que narrativos, y en ocasiones —quizás la única pega que le veo a la obra— repiten las mismas escenas, de manera reiterativa; sin embargo, esto podría achacarse al tono poético más que prosaico, lo cual lo justificaría para acentuar y agravar la emoción que se quiere suscitar en el lector. Es de agradecer que no haya excesivas metáforas que podrían dar una aire ampuloso o recargado, así que la lectura es muy fluida y en ningún momento se hace literariamente cuesta arriba para el lector. Y por otro lado, aunque hemos dicho que los capítulos breves parecen más bien fotografías instantáneas o imágenes congelados en el tiempo, de manera extraña la narración no se atasca y va fluyendo por si misma, desarrollándose en una historia bien diseñada.

En definitiva, y por tratar de resumirlo todo en una gran oración final, estamos ante una breve y buena novela existencialista, cruda, amarga, poderosa, sólida, oscura, devastadora, no apta para aficionados al optimismo, y sobre todo una historia interesante con personajes interesantes, bella y poética.


Andrés Díaz Sánchez. 








4 comentarios:

  1. Si esté te ha gustado... su primera novela .. hasta el tuetano te va a fascinar!!!!

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    1. Seguro que sí, David. Es muy probable que repita con este autor.

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  2. Muchas gracias por tus palabras Andrés, siempre reconfortan estás cosas. Eres un crack.

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    1. Son merecidas, desde luego, porque la novela está muy bien. Un fuerte abrazo.

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